Los medios masivos y la audiencia crítica

Las últimas estadísticas relacionadas con los medios de comunicación en la Argentina determinan un evidente cambio en las costumbres del público que los consume. Así, los medios y formatos tradicionales parecen comenzar a dejar una parte importante de su otrora omnipotente influencia a otras tecnologías o productos.
De acuerdo a recientes estudios de audiencia, el público argentino ha dejado de ver masivamente la televisión tal y como la conocíamos hasta hace poco. El fenómeno es evidente si uno repasa las “sábanas” de rating, donde ya no existen programas o canales que puedan afirmar tener audiencias masivas.
Un ejemplo muestra esto de forma palmaria: en 12 años, los cinco canales de aire de Buenos Aires perdieron 13 puntos de audiencia y en la actualidad son –a veces ampliamente- superados por el encendido de TV paga y amenazado por la popularización de los servicios de streaming y on demand (Netflix o YouTube por caso). Solamente los eventos en vivo logran superar ese “abandono” del público tradicional.
La proliferación de aparatos conectados en los hogares -smartphones, PC, tabletas, SmartTV- y el consumo digital que permite ver lo que uno quiera en el horario que se quiera, son dos de las principales causas de esta migración comunicacional.
Por otra parte, en cuanto a los productos ofrecidos, las cifras evidencian que los programas “periodísticos” han dejado de ser las “vedettes” entre las programaciones. A la hora de explicar esta modificación, las encuestas sostienen que los espectadores “han dejado de creer en muchas producciones, que habitualmente son considerados como ‘operaciones interesadas económica o políticamente’ donde no existe información objetiva”.
Este último dato impone un “mea culpa” a quienes protagonizan los medios masivos puesto que, a la vista está, su público ejerce un pensamiento crítico –muchas veces negativo- acerca de su actuación. Quizás cuando sus “interesados” mensajes no tengan público retornen a la objetividad y ecuanimidad que debieran teñir todo lo que se comunica.

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