Los mismos de casi siempre…

John Emerich Edward Dalberg-Acton, conocido como Lord Acton, fue un historiador y político inglés, famoso -entre otras cosas- por haber acuñado el conocido aforismo “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

La permanencia extendida en los ámbitos de poder, a la vista está, conlleva una alta dosis de peligro para que sus integrantes caigan en situaciones ilegales o inmorales. Ante ello, la normativa ha intentado, a lo largo de la historia, llevar adelante recortes en la temporalidad de los mandatos dirigenciales. Así vemos, por caso, cómo la posibilidad de reelección en la mayoría de los cargos ejecutivos está limitada de alguna forma.

Sin embargo, otros ámbitos resisten “con el cuchillo entre los dientes” ese tipo de limitaciones-controles. Desde la judicatura que se escuda en el mandato constitucional de que sus integrantes duran en el cargo intertanto dure su buena conducta hasta dirigentes gremiales que permanecen atornillados a sus sillones por dos, tres y hasta cuatro décadas.

En el escenario político, algo similar sucede con lo que podría denominarse “la fauna permanente de los cargos”. Allí podemos ver cómo muchos políticos -fundamentalmente aquellos que pertenecen a los partidos o coaliciones que habitualmente son protagonistas de las elecciones y que desde el advenimiento de la democracia en 1983 se alternan los roles de oficialismo y oposición- saltan de cargo en cargo. Ejemplos sobran de nombres que han integrado las cámaras legislativas locales, provinciales y nacionales, puestos de primera, segunda o tercera línea en los Poderes Ejecutivos, incluso varios de ellos han pasado por dos y hasta los tres poderes estatales.

Claro que no todos ellos han sido o son corruptos, pero -siguiendo la lógica de Lord Acton- pareciera que siempre resulta saludable la renovación de los protagonistas en los puestos de decisión de una sociedad organizada.

En un año electoral como éste, con las particularidades del caso, saludable sería que el electorado observe analíticamente quiénes requieren su voto y si esas caras –que suelen ser las mismas de siempre- merecen nuestra elección.