Los papeles quemados de la política
En política, como en otras muchas materias humanas, los dogmas, las verdades absolutas, los escenarios inevitables, son comunes. Sin embargo, hechos como el resultado de las últimas elecciones PASO a nivel nacional demuestran que, algunas veces, en política también se queman algunos –varios- papeles.
Una de las cosas que demostró la gran y sorpresiva elección de Javier Milei, el precandidato que más votos sacó en todo el país es que, a diferencia de lo que se afirmó dogmáticamente hasta las 22.30 del domingo es que la tan mentada “territorialidad” es solo un elemento más para lograr un triunfo electoral. Si una fuerza no contó con estructura en el interior de Argentina fue La Libertad Avanza. De hecho, sus candidatos –muchos de los cuales el propio Milei se despegó meses atrás- perdieron en casi todas las elecciones donde participaron. En este mismo sentido, las denuncias de hechos contrarios a esa fuerza basados en la falta de fiscales (rotura de boletas, faltas de las mismas, etc.) son otra muestra de la prevalencia de la voluntad popular por sobre “la estructura”.
También habrá que revisar el célebre “teorema de Baglini” que sostiene, entre otras cosas, que los discursos de los candidatos se tornan más radicalizados cuanto más lejanos se sienten del poder, que a medida que un grupo se acerca al poder va debilitando sus posiciones críticas al gobierno y que las convicciones de los políticos son inversamente proporcionales a su cercanía al poder. Todo lo contrario al fenómeno Milei.
Más allá del análisis sociopsicológico del resultado electoral del domingo que –también vale decirlo- también podría cambiar en octubre y, eventualmente en el ballotage de noviembre, casi lo único que está claro es que, en política partidaria, muchas verdades reveladas merecen ser puestas en discusión. Si los resultados de esas, nuestras elecciones, tendrán mejores o peores resultados en la práctica solo lo sabe el tiempo.