Los peligros de querer tener siempre la razón

Mucho se ha hablado a lo largo de la historia de nuestro país acerca de las causas que nos han llevado y nos llevan a no poder obtener un nivel de vida dominado por la estabilidad, la tranquilidad y el bienestar integral. En el marco de esas disquisiciones, habitualmente se coincide en que la falta de una visión clara acerca del bien común o de cómo alcanzarlo ha sido fundamental. Allí podría ubicarse el habitual pensamiento binario que tenemos los argentinos respecto a muchas cosas, entre ellas cómo construir una nación mejor. Una parte importante de la sociedad argentina pareciera estar más interesada en “tener razón” respecto a sus creencias, filosofías políticas, pertenencias sectoriales, que en perseguir una visión integral que nos lleve hacia un futuro mejor.
Vivimos en una sociedad que ha desterrado la necesaria posibilidad de estar equivocado, de errar y de, por qué no, aceptar la probabilidad del fracaso en aquello que se comienza. Todo se nos debe ofrecer y todo ha de ser conseguido sin asomarnos a la posibilidad de lo contrario, pues se nos ha inoculado de manera incesante el axioma que obliga a la vida a hacernos perennemente felices por la única razón de creernos merecedores de ello.
Abrirnos a la duda es hoy una acción temeraria –cuando no traidora- para nuestra seguridad intelectual y sentimental, por lo que representa una seria amenaza para nuestro ego individual y para el que une a movimientos, colectivos, asociaciones o partidos políticos.
Esta falencia se propaga como un virus en nuestro estado de conciencia para ir erradicando poco a poco cualquier atisbo de lucidez que permita poner en duda aquello de lo que visceralmente hemos sido convencidos. De eso al fanatismo hay muy poca distancia.
Con el fanatismo a cuestas es muy difícil lograr un individuo mejor. Si esos individuos, intoxicados de una falsa supremacía fanática, comienzan a ser más que los que aceptan la posibilidad de admitir visiones diferentes, la chance de que una comunidad evolucione es prácticamente nula.