Los peligrosos negacionistas de la pandemia

En 1972, los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky popularizaron el concepto de sesgo cognitivo, al que definieron como una lectura errónea de la información disponible que, directa o indirectamente, influye en la manera de pensar, emitir juicios y tomar decisiones. En dicho sesgo parecieran perderse los negacionistas de la pandemia de Covid-19.
Desde personajes muy influyentes como Donald Trump o Jair Bolsonaro hasta personas comunes (muchas veces influidos por aquellos “referentes”) increíblemente subestimaron –y algunos aún subestiman- la amenaza de la enfermedad. No es casual que Estados Unidos y Brasil lideren el ranking de países con mayor cantidad de muertes por coronavirus en el mundo, y que ambos presidentes se hayan contagiado.
En nuestro país tampoco faltan los que creen que detrás de la emergencia sanitaria hay una especie de conspiración. Algunos tratan de sacar algún tipo de rédito y otros lo hacen para confirmar sus prejuicios, muchas veces políticos.
Según la Organización Mundial de la Salud, la pandemia también abrió las puertas a mentiras y teorías conspirativas de las que se nutren los negacionistas. En el organismo internacional aseguran que la difusión de la información falsa en todo el mundo ha sido tan amplia y tan rápida como la del virus, y ha tenido también consecuencias letales.
El periodista español Javier Salas, especializado en información científica y tecnológica, citó hace poco el caso de los llamados “terraplanistas” que, contra toda la información disponible, niegan que la Tierra es esférica. Según Salas se trata de un fenómeno que de alguna manera define al mundo actual, donde muchos desconfían de los datos, alaban la subjetividad, rechazan todo aquello que los contradice y, como si todo eso fuera poco, creen religiosamente las mentiras -incluso las más infantiles- que se propagan en las redes sociales. Solo cabe rogar que en estos días de pandemia (cierta, vigente, peligrosa) la mayoría de los argentinos estemos libres de la amenaza que supone la combinación de enfermedad con sesgos interesados perjudiciales.

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