Los puestos decisorios y las mujeres

Más allá de las evaluaciones políticas sectoriales, de supuestos ganadores y perdedores, de frases hechas o espontáneas, la foto del debate presidencial del último domingo en Santa Fe dejó claro un dato: entre los seis candidatos a conducir los destinos del país a partir del 10 de diciembre próximo no hay ninguna mujer.
Esta injusta situación no solamente se encuentra en la cima de la pirámide del poder nacional, sino que se reitera en los otros muchos espacios decisorios públicos que existen en la Argentina. De hecho, hasta hace poco los índices oficiales demostraban que las mujeres ocupaban apenas algo más del 40 por ciento en el índice de paridad política, cuando el ideal es el 100 por ciento.
Si bien estamos en una época de participación sin precedentes de la mujer en el mercado laboral, y particularmente en el espacio público, los desequilibrios de género persisten, fundamentalmente en el acceso a cargos directivos en la gestión pública.
Los cargos jerárquicos de conducción política son mayoritariamente ocupados por hombres y esta es una realidad que puede observarse palmariamente en las administraciones nacional, provincial y municipal.
La baja tasa de participación femenina en cargos directivos no es una realidad exclusiva del sistema político, pero es menester poner especial énfasis en la administración pública porque el Estado debería oficiar de arquetipo en la inteligencia de la inclusión de género. Si la propia estructura estatal reproduce mecanismos de segregación o discriminación por el solo hecho de pertenecer a un género o a otro, difícilmente pueda romper con aquellos que el sector privado presenta, incluso con niveles más altos.
Si el segmento que representa a más de la mitad de la población –como lo son las mujeres– queda rezagado y sin la posibilidad de un ascenso real en los espacios de jerarquía política, estaremos desperdiciando un enorme potencial que incide negativamente en el crecimiento integral de nuestro país.