Los sanrafaelinos manejamos mal

El título de esta columna puede resultar llamativo y duro, pero la realidad evidencia que no es injusto.
Tal como referíamos en nuestra nota principal de la edición de ayer, el 15% de las multas por infracciones viales en la provincia se labra en San Rafael. Para pasar en limpio, entre el 1 de enero y 12 de junio de este año fueron confeccionadas 13.015 actas por diferentes faltas que cometemos quienes transitamos por nuestras calles y rutas. Así, las autoridades policiales realizan hoy por hoy más de 80 “boletas” diarias, lo que equivale a casi un 5% más que la misma cantidad de infracciones registradas durante el mismo lapso de 2018. Lógicamente, otras tantas –o más- infracciones se cometen a lo largo y ancho de nuestro amplio territorio que no son observadas por las autoridades.
Las multas son un síntoma de nuestra mala conducta vial, pero lo más preocupante son las consecuencias que esta conlleva. Por caso, si se tiene en cuenta que en los primeros seis meses del año la Policía Vial confeccionó 180 actas más que el año pasado por alcoholemia positiva, se puede explicar palmariamente el porqué de los varios siniestros fatales que han enlutado a nuestra comunidad en los últimos meses y que han tenido a conductores alcoholizados como protagonistas.
De un tiempo a esta parte, la siniestralidad vial y el factor humano en su ocurrencia muestra a las claras que quienes manejamos no lo hacemos bien. Más bien todo lo contrario. Sin embargo, el flagelo demuestra, además, una faceta tan o más determinante que los siniestros en sí: la autopercepción. Esto es, la gran mayoría de los sanrafaelinos estima que el que maneja mal siempre es otro.
Mientras las multas, los siniestros y el dolor de las lesiones y/o las pérdidas de vidas se incrementan, nuestra conducta como usuarios de la vía pública no mejora y seguimos endilgando, caprichosamente, la responsabilidad de la problemática en los demás. Manteniéndonos en esa postura, la toma de conciencia y un mejor comportamiento vial son poco menos que imposibles.