En plena “Cuesta de los Terneros” se levanta un pequeño paraje casi escondido entre cerros y curvas. Allí viven apenas unas 30 personas, varias de ellas alrededor de la vieja estación ferroviaria “Los Terneros”, que todavía marca el corazón de la zona.
La mayoría de los vecinos son crianceros que dependen de sus animales para subsistir; otros se desempeñan en las canteras cercanas, una de las pocas fuentes de trabajo del lugar.
Cinco edificios de la antigua estación se mantienen en pie gracias al cuidado de quienes habitan la zona y, con el paso del tiempo, terminaron de dar forma al paraje tal como hoy se lo conoce.

El ferrocarril ya no pasa, pero sus huellas siguen presentes. En Los Terneros todavía se pueden ver rieles y vagones abandonados, testigos mudos de una época en la que el tren era sinónimo de movimiento, conexión y desarrollo para el sur mendocino.
Hasta hace algunos años, la Escuela N° 1-643 funcionaba en la zona y era un punto de encuentro clave para las familias dispersas en la cuesta. Sin embargo, en 2017 el Gobierno provincial decidió cerrar el establecimiento por falta de alumnos, sumando otro vacío a una comunidad que ya venía golpeada por el aislamiento y la falta de servicios.
SUEÑOS DE FUTURO
Así como se logró, luego de mucho trabajo en los Parlamentos, visibilizar la realidad del paraje, hoy se sigue trabajando en la búsqueda de mejorar la calidad de vida de quienes allí residen. Los Terneros aún no cuenta con agua potable, y la poca electricidad que llega lo hace a través de paneles solares instalados en algunos puestos.

En las últimas horas, la supervisión de Arraigo llegó hasta el lugar con asistencia de suplemento alimentario para las cabras de ocho puesteros, una ayuda concreta para quienes dependen directamente de su majada para sostenerse día a día en un entorno tan desafiante.
Más allá de la asistencia puntual, en Los Terneros se abre un debate de fondo: la necesidad de “poner en el mapa” este pequeño paraje, pensar alternativas de desarrollo y proyectar un futuro en el que el turismo rural y de naturaleza pueda convertirse en una oportunidad real.
Con sus paisajes, su historia ferroviaria y la identidad de sus pobladores, la cuesta guarda un potencial que todavía espera ser descubierto y acompañado con políticas públicas sostenidas.








