Maltrato infantil: una deuda con el futuro
A fines del año pasado, la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF), del Ministerio de Desarrollo de la Nación, presentó el “Informe de llamadas a las líneas provinciales de atención especializada en derechos de niñas, niños y adolescentes”. En ese trabajo se evidenció que durante 2021, las líneas 102 –que existen en casi todas las jurisdicciones- recibieron 45.589 llamadas, de las cuales más de 20.354 correspondieron a situaciones de violencia contra niñas y niños.
Los principales motivos de consulta se debieron a situaciones de maltrato físico, seguido de negligencias, cuestiones legales, abuso sexual infantil, maltrato psicológico emocional y abandono, entre las 40 categorías en las que se clasifican las causas de los contactos telefónicos.
Se estima que en la Argentina hay más de cuatro millones de niños, niñas y adolescentes que son víctimas de algún tipo de violencia, y cerca de 10 mil chicos que no tienen cuidados parentales.
Decía el poeta austro-húngaro Rainer María Rilke que la infancia “es la verdadera patria de las personas”, compuesta de lugares, colores y olores que nos devuelven a un mundo de seguridad que encarna el ideal de felicidad. Mucha gente, quizá la mayoría, hemos tenido una patria feliz y quizá por ello hemos ignorado o silenciado demasiado tiempo un problema muy grave: que muchos niños, niñas y adolescentes sufren situaciones de violencia.
Al ratificar la Convención de los Derechos del Niño, el Estado argentino asumió el compromiso de garantizar cada uno de los derechos allí enunciados. El resguardo de toda forma de violencia es uno de los prioritarios y es, además, fundamental en tanto es la llave inicial para el desarrollo pleno de nuestras generaciones futuras.
Son necesarias políticas públicas estatales de abordaje integral que garanticen seguridad y protección en los ámbitos en que nuestros niños, niñas y adolescentes se desenvuelven. En tanto, la responsabilidad de respetar y cuidar a los más chicos y comprometerse en denunciar situaciones donde ellos y ellas estén en riesgo nos comprende a todos, o al menos así debería ser.