Malvinas: entre el honor de la gesta y el laberinto de la desmemoria

EDITORIAL | Cada 2 de abril, la Argentina se detiene frente al espejo de su propia historia para rendir tributo a quienes, hace cuarenta y cuatro años, pusieron el cuerpo en las turberas heladas del Atlántico Sur. La gesta de Malvinas no es una efeméride de cartón ni un feriado de ocasión; es una herida abierta que supura identidad, soberanía y una deuda de gratitud eterna hacia nuestros héroes. Recordar Malvinas es, ante todo, un acto de justicia para con aquellos jóvenes que, con más coraje que recursos, defendieron el pabellón nacional frente a una de las potencias más formidables del planeta.
Sin embargo, el ejercicio de la memoria nos obliga a una honestidad intelectual ineludible: la decisión de la guerra fue un acto de irresponsabilidad criminal por parte de una dictadura agonizante que pretendió utilizar un sentimiento genuino de la patria para legitimarse en el poder. Reconocer el heroísmo del soldado no implica convalidar la ceguera de los generales de escritorio que enviaron a una generación al combate en condiciones de desigualdad manifiesta. Aquel manotazo de ahogado del gobierno de facto no solo costó vidas irremplazables, sino que también complejizó por décadas el camino hacia la recuperación efectiva de nuestro territorio.
Hoy, la disputa por la soberanía debe transitar, sin claudicaciones pero con inteligencia, la vía diplomática. La recuperación de las Islas es un mandato constitucional y un anhelo popular que requiere de una política de Estado coherente, persistente y alejada de los espasmos retóricos. No se recupera soberanía con consignas vacías, sino con una inserción estratégica en el mundo que obligue al Reino Unido a sentarse en la mesa de negociaciones, tal como lo exigen las Naciones Unidas. Malvinas es una causa nacional que debe unirnos por encima de las grietas coyunturales que dividen cada avenida del pensamiento político actual.
Resulta preocupante, en este contexto, observar una nueva ola de «desmalvinización» que baja desde discursos políticos de alto rango. Intentar relativizar la causa, poner en duda la prioridad del reclamo o tratar a las Islas como una moneda de cambio comercial es un agravio a la memoria de los caídos y un desconocimiento peligroso de nuestra historia. La soberanía no se negocia ni se archiva por conveniencias de mercado. Quienes pretenden vaciar de contenido la gesta, bajo un supuesto pragmatismo moderno, olvidan que una nación que no defiende su integridad territorial termina perdiendo su propia brújula moral. Mantener Malvinas en la memoria popular es el mejor homenaje que podemos rendirle a nuestros veteranos; es el compromiso de que el sacrificio de ayer sea el motor de la paz y la justicia de mañana.