El triunfo de Zohran Mamdani, electo como Alcalde de Nueva York, parece una escena del mundo al revés. El joven de origen ugandés y voz socialista, ha triunfado en el santuario del capitalismo con un programa que es el antagonismo perfecto del que hoy rige en la Argentina.
En Nueva York, la rabia del electorado se canalizó hacia la justicia distributiva. Mamdani prometió la utopía práctica: impuestos severos a las grandes fortunas de Wall Street, vivienda asequible forzada por el Estado y servicios públicos gratuitos. Es un grito de guerra contra la desigualdad que ha vuelto a hacer visible a la clase trabajadora de Queens y el Bronx. El neoyorquino, harto de la obscenidad de la riqueza a metros de la miseria, votó por la expansión del Estado como herramienta de equidad.
En Argentina, el mismo hartazgo —forjado por décadas de inflación y estancamiento crónico— se volcó hacia la abolición del Estado. El ciudadano le dio la espalda a la “casta” tradicional y compró la narrativa de que la única redención posible llega a través de la disciplina fiscal radical y la mínima intervención gubernamental. LLA promete liberar las fuerzas del mercado; Mamdani, atarlas.
Esta polarización nos interpela directamente. Si bien ambos fenómenos son la negación del status quo, muestran que el ciudadano global está dispuesto a votar por la solución extrema, aquella que promete el cambio más drástico, ya sea por el camino del socialismo urbano o por la senda del ultraliberalismo. En el fondo, ni el votante de Mamdani ni el de Milei se identifican con los consensos moderados que fracasaron.
Para San Rafael y Mendoza, el mensaje de Mamdani es un recordatorio incómodo: en el país más capitalista del mundo, se eligió a alguien que promete fortalecer la inversión pública en infraestructura social con impuestos a los ricos. Mientras tanto, en nuestra Argentina, se profundiza un plan que reduce al mínimo el gasto público y deja el desarrollo, incluido el hídrico esencial para nuestra provincia, en manos casi exclusivas del mercado.




