Manchas de egoísmo, garabatos sociales
En 2018, un hecho dañoso contra el ambiente geológico local fue noticia: tres jóvenes -un mayor de edad y dos chicas adolescentes, todos oriundos de Bowen- realizaron pintadas en la formación rocosa conocida como las “Mil Hojas”, en la zona del Valle Grande. Después de la polémica y hasta la causa judicial que se generaron en consecuencia, los alvearenses propusieron pagar los casi 50.000 pesos que una empresa especializada cobró por llevar a cabo la tarea de limpieza de esa “travesura”.
Un año después, otro hecho similar se produjo en la vecina provincia de San Luis pero, nuevamente, con mendocinos como protagonistas: la familia Bazán Trillas, oriunda del departamento de Maipú, dejó un “graffiti” en una pared de piedra de la localidad de La Carolina. Finalmente, los Bazán Trillas reconocieron su error aunque, en ese caso, la municipalidad de La Carolina limpió a costo propio las leyendas.
Ya en 2020, un/a “romántico/a” utilizó unos 15 ejemplares de plátanos ubicados a la vera de la ruta 165, en Cañada Seca, para escribir “CINTIA TE AMO” y adornar la frase con un par de corazones. Por ahora, no hay referencias acerca del autor/a de la pintada, de dudoso gusto amoroso y de reprochable accionar ciudadano.
Esta semana, en tanto, una pareja de turistas bonaerenses pintarrajeó vandalizó unas piedras en Potrerillos y el Ministerio Público de la Provincia de Mendoza inició de oficio una causa contravencional.
La vieja costumbre de garabatear construcciones, paredes, monumentos o formaciones geológicas es tan extendida como repudiable. Salvo a sus autores, a nadie se le ocurre un motivo válido para llevar a cabo ese tipo de actos. Si hasta el hecho de que habitualmente sus autores dejen, como en estos casos, escrito su nombre o el de un eventual destinatario es -además de una estupidez- una clara muestra del egoísmo y la falta de empatía con el resto de la sociedad que evidencian.
Ojalá que el escarnio público y las eventuales sanciones judiciales a los dañinos redunden en que éstos y otros abandonen esas actitudes antisociales que, valga la paradoja figurativa, los pintan de cuerpo entero.