Martín Bossi y sus dudas sobre la pandemia: “Estornudó un murciélago y dijeron ‘Todos a casa, pierden los trabajos y los afectos’”

“Sin ponerme conspirativo, lo curioso es que nadie se preguntó qué pasó”, cuestiona Martin Bossi sobre el virus que cambió al mundo, y desconfía: “Es como que estornudó un murciélago y dijeron: ‘Todos a casa, pierden los trabajos y los afectos’; ‘Ah, bueno, bueno…’”. El actor, que se adecuó a la nueva normalidad y el 6 y 7 de noviembre presentará Clandestino volumen 2, se explaya: “Esto es parte de un trabajo de muchos años, de sacarnos la cultura, la educación, porque sin cultura ni educación, no hay segundas lecturas”.

—¿Pensás que hay un trasfondo que desconocemos?

—De los creadores de Pearl Harbor, Torres Gemelas, el hombre llegó a la Luna, etcétera. Como decía Sumo, “mejor no hablar de ciertas cosas”. Pero lo que llegó para quedarse, lamentablemente, es un sistema. Si esto fue un negocio, si lo hicieron para parar el mundo… Si quiero comprar una empresa, lo bueno es que esa empresa se desvalorice y la compro más barata. Entonces, los que quieren comprar el mundo lo están abaratando. Si esto funcionó, la vacuna no va a llegar pronto. Si les funcionó van a volver, van a insistir con esto. Es un sistema que les funcionó, todo el mundo adentro.

—¿Pensás darte la vacuna cuando sea posible?

—Eso va en lo que cada uno siente con su alma y con su cuerpo. Cada uno puede hacer lo que quiera. Aconsejo que los que se sienten bien y seguros vacunándose, lo hagan. Particularmente, y no soy un ejemplo de nada, no estoy haciendo apología, no quiero vacunarme.

—¿No?

—No. Ahora, si me dicen: “No podés viajar, no podés trabajar”, o vas a puente La Noria y si no tenés la vacuna te meten preso, no tengo otra que estar a merced de lo que los poderes quieren hacer con nosotros. Pero si no, yo elijo. Ojo, no estoy haciendo apología: cada uno hace lo que quiere, y el que quiere vacunarse, se tiene que vacunar. Y ojalá que los que se vacunen se curen todos.

Martín Bossi «El arte es para los desesperados, para los que buscan respuestas constantemente»

—En tus espectáculos, siempre lográs superarte, siempre vas por más. ¿Cómo se hace con tantos años de carrera?

—En el último show, Bossi Master Show, sentía que tenía que cambiar. Ahí vino Kinky BootsEstuve un año y tres meses en Estados Unidos estudiando comedia musical, danza y canto. Con un laburo enorme de Ricky Pashkus. Habíamos logrado una fiesta, ocho semanas a lleno con la gente en los balcones revoleando las remeras, parecía una cancha. Esta puta pandemia nos ha denigrado tanto: paró todo, nuestros sueños, los de todos… No me conformo nunca, es una búsqueda constante. El arte es para los desesperados, para los que buscan respuestas constantemente. La gente que es muy feliz no se tiene que dedicar al arte.

—¿No sos muy feliz con todo el camino recorrido?

Los que son muy felices, en este momento, son idiotas o son iluminados porque están por arriba de todos. No conozco mucha gente iluminada en este mundo. Con ver lo que está pasando, sería un idiota si soy feliz. Tengo momentos de felicidad y un momento particular pleno porque tengo 46 años y me despojé de religiones, de creencias, de formas de amar preestablecidas. Me siento un tipo libre, pero la felicidad… El tipo que dice: “Estoy re feliz, hago clases de zumba”, yo digo: “Bueno, flaco, hay algo que no está bien”.

—Recién dijiste que te despojaste de la religión y alguna vez dijiste: “Si Dios existe debe estar bastante enojado con las religiones”.

—Las religiones nos han mostrado que no armonizan: dividen. Me crié con diez mandamientos, que es un poco lo que está pasando ahora: adoctrinamiento, miedo y control. Es lo que hacen los grandes poderes. Hoy es más sofisticado, antes era más precario. Te decían: “Si te portás bien vas al Cielo; si te portás mal, te quemás en el Infierno”. Nos controlaron con esa historia. Creo que Dios existe y que existió Jesús, que fue un gran revolucionario, y por ser libre lo crucificaron, como siguen crucificando hoy en día a las personas que son libres, de otra manera. Dialogo con Dios todas las noches, no necesito intermediarios.

—¿Cómo son esas charlas?

—Agradezco mucho, ante todo. Después, le mangueo cosas. Le pido por la paz en el mundo, cosas profundas; también triviales. Dios no está para esas pelotudeces, está ocupado (risas). El otro día, le conté a Emilio (Tamer), mi director… ¡No importa!, le pedí algo. Por un amor le pedí. Emilio me dice: “Dejalo a Dios que está ocupado en cosas graves, no lo molestes”.

—¿Estás enamorado?

—Particularmente no. Enamorado de una persona, no. Puedo sentir amor, momentáneamente, por compañeras que vaya encontrando, pero enamorado de: “Hola, soy Martín, quiero presentarles al amor de mi vida”, no.

«Un país sin cultura es un país que no es libre» afirma Martín Bossi

—¿Qué sentís con estas crisis recurrentes que tenemos en la Argentina, que son cíclicas, esté el gobierno que esté?

—No me quiero poner pesimista; soy optimista, cuesta serlo. Hacía un monólogo de Tato Bores que decía que no hay que echarle la culpa a los políticos, que el problema somos los argentinos, que en definitiva los políticos son argentinos. Si no cambiamos la cultura, si no apostamos a la educación, estos chicos que hoy tienen seis años van a ser los políticos del mañana y van a cometer los mismos horrores de los últimos 30 años, de un lado y del otro. Un país sin cultura es un país que no es libre. Sin particularizar, en los billetes del anterior Gobierno había focas, tucanes; no está San Martín.

—Perdemos nuestra identidad.

—Antes, en las crisis, había artistas que por lo menos hablaban. CharlyLeón GiecoPedro y PabloFitoLuca ProdanBorges desde sus libros, Sábato, Goyeneche. Hoy, ¿cuál es? ¿Qué es lo que hay para contestar desde la cultura? El rock and roll no habla más. ¿Qué tenemos? “Puede que no te haga falta nada”, “Hawaii de vacaciones”, “Qué lindo el Instagram”. Se ha lavado todo mucho. Es una batalla.

—Hablaste en otras oportunidades sobre la fantasía de ser padre. Pienso en lo que estamos hablando respecto de las crisis, no solo locales sino a nivel global. ¿Da miedo traer hijos a este mundo?

—Amo a la gente que trae hijos, es un acto de valentía. Particularmente, lo pienso más veces. Siento que es un acto de egoísmo traer un hijo al mundo y a este país. Digo, cuando crezca, al margen del agradecimiento a la vida, me va a decir: “¿Qué hiciste?”. Tampoco nací en un contexto muy favorable del país, en el 74. Y aún con todo lo feo, elijo este país. Nací acá y muero acá.

—¿Nunca evaluaste irte?

—No. Me gustaría trabajar afuera como a cualquier futbolista, pero no tendría la valentía de no poder ver a mis seres queridos, de no sentir el olor de mi país. Lo poquito que quedó de aquella fiesta que me prometieron mis papás y mis abuelos. Se terminó el carnaval, el club como institución. Aquellas canciones, grandes artistas que marcaban nuestra cultura. Aun así, con esos resabios, andaba por Barracas caminando y estaban escuchando tango en una esquina, pibes jóvenes. Ya está, eso es Argentina para mí. No por el tango en sí, así estén escuchando reggaetón, hay momentos que recuerdo de dónde venimos. No lo cambio por una vida en Miami o en Madrid.

—Se puede refunfuñar por las crisis, estar agotados, y sin embargo, cuando te tocan el país aparece una defensa.

Lo doloroso es cuando te toca el país la gente del país. Los propios. Nosotros nos matamos solos. El tema es muy profundo. El día que nos reunamos a conciencia, de un lado y del otro, y realmente queramos sacar esto adelante, se va a poder. Con concesiones, con amor, y juntos.

¿Cuál fue el mayor gesto romántico de Martin Bossi?

—En el espectáculo que se viene para el 6 y 7 de noviembre se habla de las nuevas formas del amor, de las separaciones. ¿Te rompieron el corazón alguna vez?

—Sí, más de siete veces.

—¿Te han dejado mucho?

—Gracias a Dios, me han dejado.

—¿Pero te dejaban o te hacías dejar?

—A los que saben de fútbol: me hago echar. No tengo la valentía. Pero sí, he sufrido por amor, sobre todo cuando era más adolescente y estaba más influido por Hollywood y las convenciones del amor.

—¿Qué música escuchabas para sufrir por amor?

—Soy fanático de Roxette, y unas baladas románticas de Erasure. Me castigaba con eso. Lo ponía a todo lo que daba en el grabador de la pieza, me tiraba, miraba el techo y volaba. Después, cuando vas creciendo… No digo que el amor no puede llegar a cualquier edad, pero vas siendo más racional. Y ya no estoy para matarme por amor.

—¿Cuál fue el gesto más romántico que tuviste en tu vida?

—Tenía que ver a mi primera novia. Tenía 17 años, estaba re entrenado porque jugaba al tenis, era casi profesional. No tenía plata para tomarme el colectivo que iba de las playas de Mar del Plata, pasando el faro, los acantilados, y ella vivía a dos cuadras del departamento donde se mató el Negro Olmedo. Tenía dos horas de la cita y estaba en un camping con los pibes. Corrí 13 kilómetros para verla. Era un animal. Llegué tarde y la chica me dijo una cosa como: “Estás mojado, ya no te quiero”. Me charló un ratito y, enojada, me dio un vaso de agua y se fue. El tema era cómo volver, porque no me daba para correr 13 kilómetros más. Me quedé boyando, agarré un teléfono público, pedí unas monedas. Con el papá de uno de los chicos a la noche recién me vinieron a buscar, herido de amor.

—¿Cuál sería una cita ideal hoy?

—Sin barbijo. Pero no es posible.

—En su momento, con el VIH hubo un antes y un después. ¿Cómo se hace ahora para vincularte con alguien, para dar un beso?

—Con todo respeto: las cosas entran por los ojos, no nos vamos a hacer los distraídos. A mí me favorece porque mi cara no es mi fuerte y el 70% tapado, confunde. Enamorarse ahora es complicado. La cara no sabés, y no te puede hablar porque ni escuchás. Aparte, en Instagram somos todos lindos: estamos tatuados, con abdominales, filtros. “El mejor producto de uno mismo”; todo mentira. Somos buenos padres, tenemos mascotas, comemos sano, tomamos mate… Una versión falsa de cada uno de nosotros.

—¿Conquista por Instagram?

—Si te digo que no conocí a nadie por Instagram, te miento. Como uno trabaja de esto y es un poquito conocido, te llega algún piropo. También, no es solo gente que no conocés. Te fueron a ver a un espectáculo, te etiquetaron, te dijeron algo, te gustó, y he empezado alguna conversación. Hay que tener mucho cuidado porque no sabés con quién te podés encontrar. Soy del método viejo, el cara a cara.

—Ahora que se está empezando a habilitar para el verano, ¿te gustaría hacer temporada?

—Me seduce si hay festivales al aire libre. Actuar para mucha gente, presentarme con una banda y poder entretener sin una máscara. Preparar un espectáculo para un teatro no, porque prefiero ver cómo se va dando la cosa. Para estar adentro, actuar con protocolo, mayonesa en los oídos, el alcohol en gel, una butaca sí, tres no, maniquís… No estoy preparado para enfrentar eso. Reconozco que los actores tienen que trabajar, los teatros tienen que abrir, la cultura es esencial en un pueblo. Un país sin educación y sin cultura, directamente, estamos velando la historia.