La discusión sobre la lucha antigranizo en Mendoza ha entrado en una zona riesgosa donde la pirotecnia verbal parece importar más que la protección del surco. Asistimos a una suerte de «partido de fútbol» dialéctico, donde cada tormenta es utilizada por un bando o por otro para anotar un punto en una disputa que, en el fondo, no debería tener ganadores ni perdedores, sino soluciones.
El fenómeno es tan evidente como preocupante. Si la piedra cae sobre una zona defendida, se apura el argumento de que el sistema es inútil; si cae donde no hay aviones, se utiliza el desastre para reclamar el regreso de la inversión que el gobierno provincial decidió no continuar. En esta dinámica del «viste que sirve» contra el «viste que no sirve», el análisis técnico queda de lado y la política se vuelve una cuestión de hinchadas. Pero el granizo no entiende de relatos ni de conveniencias: cuando cae, destruye el esfuerzo de todo un año, sin distinguir quién tiene la razón en el debate de oficina.
No es una cuestión de ganar una discusión. Se trata de entender que la protección —aun con sus márgenes de error y sus limitaciones técnicas— es un valor estratégico que no debería estar sujeto a los vaivenes de la opinión del momento. Reducir una política de Estado a una validación por «acierto o error» en cada tormenta es una simplificación que le quita seriedad al sistema.
Lo que el oasis necesita es previsibilidad. La matriz de protección que la provincia ha sostenido históricamente debe ser vista como ese paraguas que, aunque a veces se moje, es infinitamente mejor que enfrentar la tormenta a pecho descubierto. Apostar a la continuidad y al perfeccionamiento de esa matriz es una decisión que debería trascender la coyuntura del «punto para uno o punto para el otro».
En este partido, si el Estado y los sectores productivos no juegan para el mismo lado, nadie podrá celebrar. Es tiempo de dejar de lado la lógica de la tribuna y volver a la seriedad de una política que proteja, con todas las herramientas disponibles, el techo de los mendocinos.





