Más de la crisis vitivinícola

Un reciente estudio volvió a demostrar que la industria vitivinícola mendocina se encuentra inmersa en una profunda crisis. El muestreo indicó que el volumen vendido de vinos en 2018 –sin importar la facturación– responde a la producción de unas 180.000 hectáreas. El dato es significativo si con él se corrobora que, por estos días, habría 45.000 hectáreas cuya producción de uvas no tiene mercado. O sea, producir sin destino.
La cuarta edición del Informe Anual Vitivinícola, elaborado por el economista Javier Merino para la División Vinos del Banco Supervielle, arrojó, además, otros datos igualmente preocupantes, como que en la última década la caída en ventas (facturación total en el mercado interno y las exportaciones) en volumen fue del 28%, lo que significa 46 millones menos de cajas de vinos vendidas, y que 2018 dejó el volumen de ventas de vino más bajo de los últimos 30 años.
Al presentar su informe, Merino aseguró que “el principal responsable de esta caída y pérdida de mercado para el vino argentino es la retracción del consumo interno. En diez años, entre 2008 y 2018, el consumo anual de vino medido en millones de cajas vendidas pasó de 119 a 93 millones, una caída del 21,84%. En 20 años la baja acumulada llega al 35,5%”. También las exportaciones en volumen, si bien se estabilizaron en los últimos dos años, vienen en fuerte caída desde el pico alcanzado hace diez años.
Si a lo expuesto en las cifras estadísticas le sumamos la preocupación que evidencian muchos empresarios de la actividad ante un eventual acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, que haría perder mercados a los productores mendocinos, el panorama podría ser aún peor.
Ya nadie puede negar la crisis vitivinícola en Mendoza. Las eventuales soluciones, si es que existen, aún brillan por su ausencia en medio de un mar de acusaciones cruzadas entre los diferentes actores involucrados. Mientras tanto, el sector que representó firmemente nuestra economía sigue mostrando el dolor de ya no ser.