Me pregunto… ¿Quién sincroniza los semáforos de nuestra ciudad, YPF, Shell, Esso?

Ha sido traumático para quienes han tenido y tienen que soportar el encierro domiciliario para protegerse del Coronavirus. Más aún para aquellos que, por motivos de salud o edad, llevan más de 67 días sin tener contacto directo con familiares que extrañan y amigos que aprecian. La pandemia nos privó durante los últimos meses, además, de la rutina diaria que disfrutábamos; el poder salir a la calle con el ánimo de «tomar un poco de aire», sin temor, en busca de la caricia del sol del otoño sanrafaelino, de ver a la gente que pasa por el centro, encontrarse con los conocidos, en resumen… celebrar la vida con estos simples pero importantes placeres.
A la angustia de lo mencionado hay que agregarle la «otra pandemia», la económica, esa que padecen quienes aún están impedidos de trabajar, que se desesperan porque ven que la inactividad del encierro les come las reservas que les costó tanto tiempo y esfuerzo juntar. Y ni hablar de aquellos que se les terminó lo poco que les quedaba y les aterra caer en la miseria.
Situación difícil la que estamos pasando, en la que todos tienen algo de razón. Y en la que, no obstante, existen inequidades y «enjuagues» en ciudades del país donde, por ejemplo, permiten trabajar a los hiper y supermercados pero no al almacén de la esquina.
La situación golpea fuerte el orgullo personal cuando observamos que la parálisis empresaria va generando una creciente dependencia estatal. Esto se nota hasta en algunos importantes medios nacionales que van relajando su mirada independiente con respecto a los movimientos que el Gobierno Nacional despliega, lentamente pero sin pausa, para imponer su dominio sobre el Poder Judicial y sumarlo al ya poseído Congreso de la Nación, con el manejo a su arbitrio de la Cámara de Diputados y de Senadores, y los entes de control del Estado, lo que deja en manos del Ejecutivo la suma total del poder.
Tanto así, que hasta le permitió arrebatarle al Congreso el derecho inalienable de controlar el destino de los recursos que gasta el Estado, para ponerlos a disposición del Jefe de Gabinete sin que tenga que rendir cuentas a la oposición ni a nadie.
Por otra parte, conviene señalar que estos también son tiempos que obligan a la optimización de los recursos, tanto individuales como comunitarios. Hoy mencionaremos el caso del consumo de nafta, que ya de por sí tiene un precio exorbitante en relación a la situación económica que atravesamos los argentinos. Sobre el tema, y tomando en cuenta el impacto negativo que causa en los escasos recursos que dispone la gente, surge un interrogante obligado, ¿cómo pueden permitir que la falta de sincronización de los semáforos aumente considerablemente el gasto de los vehículos que transitan por nuestra ciudad? Salvo la avenida Yrigoyen, las otras arterias importantes obligan, la mayoría de las veces, a detenerse casi en cada semáforo, y en varios casos en cada cuadra.
Funcionando en forma organizada lo semáforos, creando una senda verde, se puede controlar indirectamente la velocidad de los automóviles, cuyos conductores la respetarán y así se evitará accidentes.
Por eso titulamos con ironía si los semáforos locales están coordinados en beneficio de las grandes empresas que producen y venden los combustibles.
Corresponde que alguna autoridad encare un estudio para calcular el despilfarro de dinero que se genera con los vehículos que están obligados a parar sin motivo en cada cuadra y multipliquen ese tiempo de detención por los miles que circulan por la ciudad. El resultado seguramente impactará por la importancia del dinero malgastado cada día y un tránsito más ordenado.
Por tanto, se hace necesario que los responsables de coordinar el funcionamiento adecuado de los semáforos solucionen cuanto antes esta falencia y alivien en algo el castigado bolsillo de los ciudadanos.

Gaza