SECCIONES
  • Cuando la patria está en peligro todo está permitido, excepto no defenderla.| José de San Martín

miércoles 25, de mayo , 2022

Memorias de un cumpleaños trágico: un hijo que mató a su propio padre y un secreto que quedó enterrado

Era 15 de febrero, una noche de verano cálida en Bahía Blanca, miércoles. Héctor cumplía 22 años y estaba en casa con su pareja y su hija de seis meses, por lo que el plan de cumpleaños era simple: ver una película. Fue qué película quería ver cada uno lo que disparó la discusión: él quería ver “Hércules”, ella quería ver “Náufrago”. Los gritos alertaron a la madre de la joven, que vivía en la casa de adelante, y enseguida buscó el teléfono y llamó al padre de él:

—Gustavo, disculpe la molestia, los chicos se están peleando. ¿Puede venir a llevarse a su hijo?

Lo que siguió, sin embargo, fue un desastre porque cuando el padre llegó, su hijo, que era Policía, tenía su arma reglamentaria entre las manos. Era casi la medianoche y lo que iba a ser un cumpleaños más acabó siendo un cumpleaños trágico.

El parricidio

Quien cuenta la historia a Infobae es Emmanuel Cané -enfermero, 36 años- otro de los hijos de Gustavo Cané, el hombre que ese miércoles de 2017 recibió el llamado telefónico que lo condujo hasta la muerte.Es enfermero, tiene 36 años y era uno de los cuatro hijos de GustavoEs enfermero, tiene 36 años y era uno de los cuatro hijos de Gustavo

Emmanuel era hijo del primer matrimonio de Gustavo. El hombre se había separado después, había vuelto a casarse y había sido padre de gemelosHéctor, el hijo que esa noche de verano lo apuntó con el arma reglamentaria y disparó, era uno de los gemelos.

“Mi papá tenía 59 años, era Policía Bonaerense de toda la vida y estaba a punto de jubilarse. Mi hermano cumplía ese día 22 años y también había entrado a la policía pero a los famosos ‘pitufos’, no sé si te acordás, esos que les daban tres meses de preparación, un arma y los sacaban a la calle”, cuenta Emmanuel desde Bahía Blanca, donde vive."Los pitufos" de Scioli«Los pitufos» de Scioli

“Los pitufos” es el nombre con el que se conoció a la policía creada por el ex gobernador Daniel Scioli durante su trunca aventura presidencial. Los llamaban así porque los uniformes no eran azules oscuros sino de un celeste estridente. Fue una fuerza cuestionada, entre otras cosas, por la escasa preparación de los efectivos que reclutaron en el apuro por bajar los índices de inseguridad.

“Cuando mi papá recibe el llamado, se sube al auto con su esposa, la mamá de los gemelos, y van a la casa a tratar de calmar a su hijo”, sigue. Recorrieron las 10 cuadras que separaban una casa de otra y entraron. “Mi hermano ya estaba con el arma cuando entraron, y estaba brotado”.Héctor Cané, uno de los gemelos, y su papá, poco tiempo antes del parricidioHéctor Cané, uno de los gemelos, y su papá, poco tiempo antes del parricidio

Héctor Cané no apuntó primero contra su padre sino contra su madre. “Y en ese momento la mamá le dice: ‘Tirame, pero soy tu madre’, entonces él corrió el arma, apuntó a su papá y disparó. Le pegó dos tiros en el pecho”, sigue.

Gustavo se apoyó las manos a la altura del corazón, giró y, como pudo, intentó salir de la casa. “Y ahí lo remató por la espalda. Según la autopsia, ese fue el tiro que lo mató”.

Los gritos en la medianoche y el horror de un parricidio frente al resto de la familia parecía una escena suficientemente dramática, pero lo cierto era que el plano secuencia aún no había terminado: “No, porque después mi hermano fue hasta donde había caído mi papá, lo tocó, vio que estaba muerto, se paró y se pegó un tiro en la cabeza”.Gustavo Cané tenía 59 años cuando sus planes se frenaronGustavo Cané tenía 59 años cuando sus planes se frenaron

Emmanuel se enteró de lo que acababa de pasar con su papá y su hermano de una manera insólita. Su esposa, que es médica, estaba de guardia esa noche y a bordo de la ambulancia que acudió a la casa del parricidio. Fue ella quien llamó a Emmanuel y le contó, aturdida por la escena y la sirena, que estaba llevando a su padre y a su hermano al hospital. Que su hermano agonizaba, que su padre estaba muerto.

Una lápida

Héctor murió seis días después de su cumpleaños número 22. Desde entonces, Emmanuel lleva flores al cementerio municipal de Bahía Blanca. No sólo flores para su padre, la víctima más clara de la secuencia trágica, sino también para su hermano, porque están enterrados juntos.

“Es que yo no estoy enojado con mi hermano por lo que hizo, de hecho voy periódicamente al cementerio, le compré la lápida”, cuenta.Gustavo, su primera esposa y los hijos del primer matrimonio. Cuando se separó de ella, formó pareja de nuevo y nacieron los gemelosGustavo, su primera esposa y los hijos del primer matrimonio. Cuando se separó de ella, formó pareja de nuevo y nacieron los gemelos

Lo que Emmanuel cree, en cambio, es que lo que pasó se podría haber evitado. “Unos años antes del parricidio, cuando tenía 15, a mi hermano le habían diagnosticado una epilepsia adolescente. Había tenido tres crisis severas, con convulsiones. La gente, por lo general, cree que la epilepsia es sólo me caigo y tiemblo, pero la realidad es que en muchos casos las epilepsias están asociadas a brotes psicóticos”, explica él. Se refiere a las llamadas “psicosis epilépticas”.

“A mi hermano lo habían medicado en su momento y después, como no había tenido más síntomas, le habían sacado la medicación. Cuando mató a mi papá estaba sin medicación”. Aún con ese antecedente médico lo habían tomado en “Los pitufos”.Gustavo con Carolina, la mayor de sus hijasGustavo con Carolina, la mayor de sus hijas

“No digo que tendrían que haberlo dejado afuera, no se puede discriminar a alguien por un certificado de discapacidad, pero ¿darle un arma y sacarlo a la calle?”, se pregunta todavía su hermano.

Al día siguiente del “crimen de familia” que conmocionó a Bahía, el secretario de Seguridad, Emiliano Álvarez Porte, dijo en los medios locales que Héctor “no tenía antecedentes de violencia”, y que se trataba de “un hecho extraordinario e irracional que no tiene una explicación lógica”. Ese comentario, recuerda Emmanuel, lo hizo enfurecer.Emmanuel cree que las dos muertes se podrían haber evitadoEmmanuel cree que las dos muertes se podrían haber evitado

“Yo pensé: ‘Me está mintiendo en la cara el día que yo tengo un hierro caliente en la cabeza’”. Es que, sostiene, sí tenía antecedentes, pero los pasaron por alto en el afán por seguir reclutando “pitufos”: “Ya se había peleado con la novia, que también era policía, le habían retenido el arma pero se la habían devuelto. Si hubieran prestado atención a esos antecedentes ese día mi hermano no habría tenido el arma y no pasaba lo que pasó”.

Una verdad oculta

Antes, mucho antes de que la tragedia terminara con su vida de un zarpazo, Gustavo Cané había tenido una revelación familiar, aunque una revelación a medias.

“Era el año 2004. Hacía poco había muerto su mamá y él se había puesto a conversar con un hermano de ella”, introduce Emmanuel. “En la charla, este tío le dijo: ‘La verdad es que yo nunca vi a tu mamá embarazada’”. Gustavo, que por entonces era un hombre de 46 años, quedó pasmado:

¿Cómo su mamá -María Asunta Pierina Sogni, “Mariucha” para todos- no había estado embarazada? ¿De dónde había salido él, entonces? ¿Era adoptado? ¿Robado? ¿Apropiado? ¿Apropiado en el 59?"Mariucha"«Mariucha»

En la calle, otro tío le confirmó la sospecha: “Me duele decírtelo pero es verdad. Nadie la vio embarazada”. Gustavo se quedó estacado en la duda: ¿A quién iba a preguntarle ahora que “Mariucha”, la única capaz de contarle la verdad completa, había muerto?

“Él se fijó en su partida de nacimiento y me contó que decía que había nacido en la casa, no en un hospital, y que el papel estaba firmado por una partera, Rufina Goicochea de García”, sigue. El detalle del parto en casa es frecuente entre los hijos que buscan sus orígenes biológicos, porque las partidas suelen estar adulteradas o ser completamente falsas."Mariucha" junto a Carolina, la hija mayor de Gustavo«Mariucha» junto a Carolina, la hija mayor de Gustavo

Había, además, otro detalle: Gustavo no tenía idea de quiénes eran las dos personas que habían firmado como testigos del nacimiento.

Había algunas sogas de las que tirar, más precisamente tres nombres de mujeres que solían estar en la casa familiar, en la calle Luiggi al 400, en el barrio Pedro Pico de Bahía Blanca. Uno, Pola Macaggi. Otro, Rosita Girotti, una señora mayor que llegaba siempre en un Citroën. ¿Si habían sido amigas de “Mariucha”, podían saber la verdad? ¿Había chance de que estuvieran vivas?

El tercero, “Vicky, una mujer que iba a limpiar la casa y que tenía un gran parecido físico con mi viejo. Iba siempre hasta que un día desapareció”. Había una cuarta puerta abierta, aunque más difusa: “Una mujer que el día del compromiso de mis viejos, en el año 82, lloraba mucho. También ella desapareció después”, enumera.Gustavo cuando era bebé y ya estaba en la casa en la que se crióGustavo cuando era bebé y ya estaba en la casa en la que se crió

“La cuestión es que mi viejo arrastró esta duda durante los años que siguieron y justo antes de que pasara lo que pasó me había dicho que ya le quedaban meses para jubilarse y que ahí, ya jubilado, iba a tener el tiempo que necesitaba para ponerse a averiguar”.

Los disparos de su hijo, sin embargo, truncaron todos los planes.

“Así que durante los cinco años que siguieron a sus muertes nos dedicamos a procesar lo que nos había pasado. No es un crimen común, que alguien te mata a un familiar y vos decís ‘qué hijo de puta, asesino, que le caiga todo el peso de la ley’. Acá lo mató mi hermano, yo no pude estar enojado con el asesino de mi papá, nos llevó tiempo procesar eso. Pero llegó el momento”.Emmanuel y su hermana Carolina ahora tomaron la posta para encontrar la verdad escondidaEmmanuel y su hermana Carolina ahora tomaron la posta para encontrar la verdad escondida

Lo que ahora buscan Emmanuel y su hermana es “cerrar la etapa que mi viejo no pudo. Saber quién fue su mamá, esa verdad que quedó a medias con su muerte”, se despide Emmanuel, llora y pide perdón por el derrumbe. Después toma aire, vuelve, se ordena: “Lo que quiero es ir a la tumba a decirle a mi viejo: “Pa, acá está, ésta era la historia que buscabas, ya podés estar tranquilo”.

Fuente: Infobae

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