Mendoza incorporará un nuevo recurso para el tratamiento de personas con consumos problemáticos a través de un centro de deshabituación que funcionará en el Hospital El Sauce, Bermejo, Mendoza. El servicio permitirá cubrir una instancia que hasta ahora el sistema público provincial no tenía desarrollada con esta capacidad y estará orientado principalmente a pacientes que, luego de tratamientos ambulatorios, continúan atravesando recaídas.
El director de Salud Mental y Consumos Problemáticos de Mendoza, Manuel Vilapriño, explicó a Diario San Rafael y FM Vos 94.5 que la Provincia cuenta desde hace años con dispositivos ambulatorios y atención hospitalaria para los cuadros agudos vinculados al consumo de sustancias. Sin embargo, existía una instancia que requería ser fortalecida dentro del propio sistema estatal.
El especialista marcó una diferencia central entre desintoxicación y deshabituación. “No todas las personas que tienen una adicción van a requerir un servicio de este tipo”, aclaró. “La deshabituación necesita primero la desintoxicación, pero después hace falta una instancia que permita empezar a trabajar sobre aspectos mucho más profundos que solamente se pueden lograr cuando la persona está desintoxicada”, explicó.
Abordaje integral y rol de la familia
Esos factores, señaló, exceden la relación física con una determinada sustancia. “Esos aspectos profundos que sostienen a la enfermedad adictiva, a la adicción, son multifactoriales. Por lo tanto, necesitamos un entorno determinado, un cuidado y un tiempo determinado también para poder hacerlo de forma adecuada”, sostuvo Vilapriño.
Precisamente, uno de los puntos centrales del nuevo dispositivo será que el tratamiento no estará concentrado exclusivamente en el paciente. La propuesta contempla incorporar activamente a sus referentes afectivos y familiares.
“Además de trabajar con la persona que sufre estas problemáticas, estando sin sustancia dentro de su cuerpo puede empezar a pensar un poco todas las variables que llevan a ese consumo. También se trabaja, desde lo terapéutico, con lo familiar, porque la familia está implicada en lo que significa la problemática del consumo de esa persona”, manifestó.
Vilapriño remarcó que ese proceso requiere una intervención prolongada y que el centro no será la alternativa indicada para todos los casos. “No es para todas las personas con consumo, es para aquellas personas con consumo donde el abordaje ambulatorio no pudo ser exitoso o no pudo dar los resultados que uno busca y la persona sigue reincidiendo en el consumo”, indicó.

Tratamiento interdisciplinario y codependencia
Otro aspecto fundamental será el tratamiento de la abstinencia. El funcionario explicó que la respuesta debe ser interdisciplinaria y no puede reducirse a administrar medicamentos para disminuir la ansiedad, la angustia o el deseo de volver a consumir.
“Hay toda una serie de variables que, por el estrés que generan, favorecen la recaída en la persona que consume”, afirmó. Entre ellas mencionó la situación familiar, social y laboral. Por esa razón, planteó que los profesionales deben trabajar de manera integrada, dentro de un mismo espacio y con una historia clínica unificada. “Si yo creo que solamente dándole un medicamento voy a calmar la abstinencia (…) estoy equivocadísimo. Probablemente genere un problema mayor todavía”, advirtió.
El entorno familiar ocupa un lugar especialmente importante porque, después de atravesar un período de internación, la persona generalmente regresará al ámbito donde desarrollaba su vida cotidiana. “La familia o los referentes afectivos de toda la vida siempre van a estar dando vueltas. Por eso es tan importante trabajar con ellos determinadas variables que hagan que la persona realmente pueda lograr esa abstinencia”, señaló.
Vilapriño hizo referencia a la codependencia, un fenómeno muy habitual en la problemática de consumo en el que otra persona del entorno, sin hacerlo intencionalmente, termina generando condiciones que favorecen que quien atraviesa la adicción permanezca dentro del circuito. “Eso se trabaja con diferentes estrategias y con diferentes técnicas”, agregó.

Capacidad y alcance territorial
El nuevo centro de El Sauce dispondrá de alrededor de 40 lugares, que se sumarán a los aproximadamente 11 o 12 existentes en el Lencinas. El funcionario hizo una distinción sobre la forma de considerar esa capacidad: “Yo hablo de espacios de internación porque es mucho más que la cama, ya que implica todos los abordajes especializados”.
La intención es avanzar progresivamente con una mayor cobertura territorial. Además de fortalecer los dispositivos estrictamente estatales, la Provincia trabaja en esquemas que articulan recursos públicos y privados.
Vilapriño señaló que actualmente existen pacientes que, debido a las características particulares de cada caso y a las múltiples variables que intervienen, necesitan recibir atención fuera de Mendoza. La ampliación de los dispositivos apunta también a modificar paulatinamente esa situación y conseguir que cada vez más tratamientos puedan desarrollarse dentro de la provincia.



