Un contundente estudio desarrollado sobre la base de registros estadísticos provinciales y datos del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) encendió las alarmas sobre el entramado productivo de Mendoza: en los últimos ocho años, la provincia experimentó un drástico proceso de desintegración asociativa que derivó en la desaparición de más de la mitad de sus cooperativas activas. Mientras que en el año 2016 el mapa mendocino contabilizaba 861 cooperativas, para el año 2024 la cifra se redujo a tan solo 418 entidades, lo que representa una caída del 51,4%.
La contracción golpeó con mayor saña a las actividades vinculadas con la matriz productiva real de la provincia —como la fruticultura, la horticultura, la vitivinicultura, la avicultura y la piscicultura—, alcanzando incluso a las federaciones de segundo grado que nuclean a los pequeños productores. Al medir la densidad cooperativa por habitante, Mendoza quedó relegada al puesto 23 sobre 24 jurisdicciones del país, superando únicamente a una provincia en todo el territorio nacional. La investigación expone la correlación entre el derrumbe de las entidades de la economía social, la caída acumulada del 4% en el Producto Bruto Geográfico (PBG) provincial desde 2016 y la falta de un respaldo institucional suficiente por parte del Estado para sostener a estas organizaciones durante los ciclos de recesión.
Natalia Estefanía Palazzolo, investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), analizó en FM Vos las causas del fenómeno, la pérdida del tejido social y los desafíos para reactivar la producción local.
La involución del mapa asociativo: De la expansión al colapso de las entidades productivas
Tal como se expuso durante la nota, el relevamiento histórico evidencia que, tras un período de sostenido crecimiento asociativo durante los primeros tres lustros del siglo XXI, el sistema cooperativo mendocino ingresó en una fase de contracción inédita en su historia reciente. «Hay un dato sumamente llamativo en Mendoza, ya que a partir del año 2016 se observa una caída pronunciada del 51,4% de las cooperativas registradas y operativas en la provincia. Al analizar la serie temporal desde el año 2000 hasta el 2024, se ve que entre los años 2000 y 2016 hubo un proceso de crecimiento constante partiendo de unas 580 entidades hasta superar las 800. Sin embargo, a partir de 2016 se inicia un declive abrupto que contrasta fuertemente con la tendencia previa», indicó.
«Al observar qué cooperativas son las que desaparecen, se advierte que la mayor contracción recae sobre las vinculadas a la actividad productiva de la provincia. Caen marcadamente las cooperativas agropecuarias, las avícolas, las piscícolas y las cooperativas de trabajo. Si bien caen todos los rubros sin excepción, el impacto se concentra en los sectores que generan empleo y sostienen la producción primaria. Esto enciende una alarma fundamental, porque el sector cooperativo aglutina a una gran masa de trabajadores», detalló Natalia Palazzolo.

Desintegración del tejido social y el penúltimo lugar en el escenario nacional
Además, aseguró que la desaparición de las cooperativas de primer grado se trasladó a los órganos superiores de representación, relegando a una provincia de gran escala poblacional a los últimos puestos de asociatividad del país. «Para poder dimensionar el fenómeno no se puede mirar solo a Mendoza, por lo que tomé los datos del INAES y los relacioné con la población de cada provincia para construir un indicador comparable. En ese ranking nacional, Mendoza ocupa el puesto número 23 entre las 24 jurisdicciones del país en cantidad de cooperativas cada 100.000 habitantes. Estamos en el fondo de la tabla», advirtió la investigadora.
«Este dato resulta dramático si se tiene en cuenta que Mendoza es la quinta provincia del país en población y posee una estructura económica históricamente diversificada en sectores como el agrícola, el vitivinícola y el metalmecánico, donde el asociativismo fue siempre una marca de identidad. No solo han desaparecido las cooperativas primarias, sino que el tejido se desintegró hacia arriba, debido a que las federaciones de cooperativas, que son los órganos superiores que agrupan a los productores, pasaron de ser siete en 2016 a solo cuatro en la actualidad», indicó Natalia Palazzolo.
Correlación con la recesión económica y la necesidad de sostén estatal
La investigación plantea la estrecha vinculación temporal entre el cierre masivo de cooperativas y el estancamiento del Producto Bruto Geográfico de la provincia, advirtiendo sobre las exigencias de respaldo público para el sector. «Las cooperativas no viven en el vacío, necesitan de un entorno económico que genere producción, ingresos y demanda. Si bien no puedo establecer una relación causal directa en términos estrictos, los datos de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE) muestran que, en el mismo período en que caen las cooperativas (2016-2024), la economía de Mendoza sufrió una contracción cercana al 4% de su PBG. La provincia está teniendo un bajo desempeño en cuanto a la generación de riqueza. La riqueza provincial no solo no creció, sino que se destruyó», aclaró sobre los motivos que podrían haber incidido en la caída de las cooperativas.
En torno a esto, destacó que para que pueda desarrollarse el cooperativismo es necesario que haya un crecimiento económico y con el apoyo que haya del Estado provincial. «A diferencia de las empresas privadas de mayor envergadura, las estructuras asociativas como las cooperativas de trabajo poseen una espalda financiera más débil y menores recursos legales e institucionales para atravesar coyunturas de inestabilidad o caída de la demanda. Para que el cooperativismo subsista no basta únicamente con la voluntad de los productores de asociarse para bajar costos; es indispensable un respaldo firme y políticas públicas consistentes para sostenerlas en momentos de crisis», manifestó Natalia Palazzolo.
«Si bien en la provincia existen áreas gubernamentales específicas destinadas al sector y recientemente se realizó el Foro ‘Mendoza Coopera 2026’ con experiencias internacionales, la persistencia de casi una década de estancamiento económico exige revisar las estrategias. Es imperioso encontrar nuevos mecanismos para que Mendoza vuelva a crecer, incentivando nuevas actividades, pero sosteniendo sin falta a las tradicionales —como la viticultura, la fruticultura y la horticultura— que son las que generan trabajo y constituyen la identidad económica de nuestra provincia», finalizó la investigadora sobre el final de la nota.



