México: El país en el que el crimen organizado ahora apunta contra la Cruz Roja

El crimen organizado puso en la mira el último de los blancos que había quedado más o menos a salvo de sus acciones violentas, los rescatistas, en particular los de la Cruz Roja que trabajan en México.

Las amenazas han sido tan fuertes que voluntarios de una sede de la Cruz Roja en el estado central de Guanajuato anunciaron el sábado último el cierre de sus instalaciones. La decisión fue adoptada luego de que un comando de delincuentes dedicado al robo de combustibles interceptó ese día una ambulancia para llevarse a un herido en la ciudad de Salamanca, donde se ubica una refinería de la petrolera gubernamental Pemex.

Las actividades se reanudaron el domingo, pero el incidente puso en evidencia el riesgo cada vez mayor que enfrentan los grupos civiles y oficiales dedicados a ayudar a las personas heridas luego de un enfrentamiento entre fuerzas regulares y bandas del crimen o entre organizaciones dedicadas a delinquir.

El caso de la Cruz Roja no es privativo de Salamanca y tampoco de Guanajuato, donde sin embargo cada vez son más numerosos los episodios en los cuales se pone en peligro la vida de los paramédicos. Ante esa circunstancia, el secretario de Seguridad Pública de Guanajuato, Alvar Cabeza de Vaca, dio a conocer un plan para “blindar las instalaciones” de la Cruz Roja y dar protección a los socorristas cuando acudan a prestar algún servicio.

Los delincuentes suelen interceptar a las ambulancias para rescatar a alguno de los heridos de su organización o bien para matarlo por pertenecer a una banda enemiga. Los rescatistas de otras ciudades de Guanajuato, el más reciente epicentro de la ola de violencia que golpea al país desde hace 12 años, y que arroja más de 250.000 muertos, como Celaya, Irapuato y León, aseguran que crece el miedo al llegar a los escenarios de enfrentamientos.

“Ha ocurrido que llegamos y nos cruzamos con personas armadas que nos impiden el ingreso a lugares donde se ha cometido un ataque, para atender a personas que pudieran estar lesionadas”, dijo un paramédico al diario local Reforma. Los bomberos de ciudades como Silao y Salamanca, también en Guanajuato, han enfrentado problemas similares cuando acuden a auxiliar a personas afectadas por un incendio o una explosión, derivados de la perforación de ductos de Pemex para extraer gasolina.

“A partir de ahora, solamente atendemos a prestar auxilio cuando tenemos conocimiento que ya se encuentra en la zona alguna corporación policial, porque cuando hemos llegado primero nos reciben a balazos los delincuentes”, dijo un bombero de la zona.

El fenómeno no es nuevo, sobre todo en la región norte del país, en la frontera con Estados Unidos, donde es común que los paramédicos esperen un poco antes de acudir a atender heridos por un enfrentamiento para evitar ser víctimas de algunas las partes en conflicto. En Ciudad Juárez, limítrofe con Texas, y en el Valle de Juárez, que es la zona periférica, los cuerpos de auxilio trabajan atemorizados pero toman todo tipo de recaudos para poder realizar su labor altruista.

“Ese es nuestro trabajo y lo tenemos que hacer, pero tomando nuestras precauciones”, señaló un paramédico al periódico local Diario de Juárez, quien explicó que no se acerca a la escena de un crimen sino está resguardada por la policía. Según oficiales del Departamento de Rescate Municipal y de la Cruz Roja de Ciudad Juárez, citados por el mismo rotativo, cuando hay incendios de viviendas causados por criminales o tiroteos en zonas difíciles, los bomberos y paramédicos se repliegan en sus estaciones por la amenaza de comandos armados. “Los delincuentes les ordenan no acercarse o de lo contrario habrá represalias en su contra”, señaló uno de los funcionarios.