En los pasillos de la Casa de Gobierno el clima está espeso, y no precisamente por el Zonda. Según reveló el portal MDZ, el gobernador Alfredo Cornejo descargó un reto furibundo contra parte de su equipo de gestión. El motivo: la inquietud que le genera la creciente resistencia a sus proyectos mineros. Dicen que la orden bajada a los ministros fue cortante: «que esas protestas no se realicen».
Ahora, la pregunta que nos hacemos aquí, bajo la sombra de la parra, es: ¿en qué consiste exactamente esa «orden»? Si el gobernador cree que los reclamos por el agua se frenan con un decreto o con una reprimenda puertas adentro, es porque no entendió lo que pasó en diciembre de 2019. ¿La instrucción es «persuadir» a los asambleístas, o estamos ante una bajada de línea para que el Ministerio de Seguridad aplique el Código Contravencional con más rigor y saque a los manifestantes de la calle antes de que la foto llegue a los diarios nacionales?
Cornejo sabe que su sociedad con Milei y su ambición minera necesitan una Mendoza «pacificada» para atraer inversiones, pero forzar el silencio no es lo mismo que conseguir el consenso. Si la orden es tapar el sol con la mano, el riesgo es que el calor de la calle termine quemando a más de un funcionario.





