El arzobispo Marcelo Colombo señaló su «frustración» ante las nuevas restricciones que impiden la celebración de las misas en Mendoza, luego del DNU presidencial. Por ello, aclaró que estos actos religiosos estarán impedidos de realizarse en el Gran Mendoza, en Tunuyñan y en Tupungato, pero señaló que los templos estarán abiertos para recepcionar otras necesidades espirituales de los fieles.
«Experimento con frustración que una vez más familia e Iglesia sufran la mirada restrictiva de las disposiciones que se adoptan», señaló Colombo a través de una circular en la que aclaró cómo funcionará la iglesia mendocina.
A lo largo de la pandemia, las medidas primero hicieron cerrar por completo los templos, luego se permitió que abrieran sus puertas pero sin misas y posteriormente se habilitó que hubiera actos religiosos de hasta 30 personas. Ahora, el último DNU hace dar marcha atrás a todos los cultos en Mendoza, entre ellos, los católicos.
«Por las razones que hemos escuchado de la máxima autoridad provincial, hasta que no se nosnotifique la autorización a tener celebraciones, éstas no podrán tener lugar en el Gran Mendoza, enTunuyán y en Tupungato; en el resto de la jurisdicción de la Arquidiócesis, podrán seguir como hastaahora», explicó la cabeza del arzobispado mendocino.
Luego detalló que «sin embargo, según las palabras del Señor Gobernador, en los departamentos alcanzados por las últimas restricciones, las Iglesias podrán permanecer abiertas para la visita espiritual o el diálogo pastoral con el sacerdote, excepto en Godoy Cruz cuyo intendente tampoco lo había autorizado
entonces».
El religioso también adelantó que este martes el gobernador Suarez elevará una nota a la Nación para solicitar que se vuelvan a autorizar las misas.
Y por último, pidió a los gobernantes que «articulen con inteligencia» las medidas para contener la pandemia.
«Estos largos meses de aislamientos y restricciones tienen enormes efectos sobre nuestras vidas, sobre nuestros vínculos, sobre nuestras expectativas, sueños y proyectos, además del impacto emocional y psicológico, y su evidente incidencia sobre la economía. Ya no estamos en el 20 de marzo donde una incipiente cuarentena parecía concluir en quince días», concluyó.







