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Monitoreo aluvional y prevención: el plan técnico para fortalecer la medición de tormentas en las cuencas del Diamante y Atuel

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El mes de enero de 2026 ha dejado registros hídricos inusuales en gran parte de la provincia de Mendoza. Para desglosar estos datos y entender el riesgo aluvional, Santiago Ruiz Freites, subgerente del Centro Regional Andino del Instituto Nacional del Agua (INA), detalla el funcionamiento de su red de estaciones y anticipa una expansión histórica hacia San Rafael y las cuencas del sur. Según el experto, aunque no se puede afirmar una evolución lineal hacia un clima más lluvioso, la intensidad de las tormentas estivales exige una vigilancia tecnológica en tiempo real.

Radiografía de un enero excepcionalmente lluvioso

A diferencia de los promedios generales, el INA trabaja con estaciones puntuales que permiten observar la complejidad de las tormentas mendocinas, fenómenos que pueden descargar grandes volúmenes de agua en una zona mientras dejan seco el terreno a pocos kilómetros de distancia. «Efectivamente, los registros de este mes de enero muestran que ha sido un periodo muy lluvioso. Por ejemplo, en una de nuestras estaciones ubicada en Las Heras, medimos cerca de 90 milímetros de lluvia caída en todo el mes, lo cual casi triplica el promedio histórico, que ronda los 30 milímetros. Sin embargo, es importante aclarar que no se ha superado el máximo histórico», señaló Ruiz Freites ante los micrófonos de FM Vos 94.5.

«En la ciencia de datos hídricos, las mediciones son muy fluctuantes; tenemos récords que datan de 1992 o eventos muy fuertes en 2016. La lluvia es aleatoria, tal como sucede con la nieve en invierno», aseguró.

El sur en el radar: expansión de la red de medición

Uno de los anuncios más relevantes para la zona sur es la inminente instalación de equipamiento oficial del INA para cubrir las cuencas de los ríos Diamante y Atuel, áreas que hasta ahora dependían mayormente de otras dependencias. «Nuestra red, que nació en 1983 tras el famoso aluvión de 1970 para cubrir el Gran Mendoza y el Piedemonte, se ha ido ampliando al Valle de Uco y al Este. Tenemos previsto, a partir de la aprobación de la licitación de este año, instalar estaciones pluviométricas en las cercanías del Diamante y del Atuel para tener registros propios de la zona sur», anticipó el subgerente de la entidad.

«Hoy llegamos hasta el Valle de Uco, y si bien San Rafael tiene sus mediciones a través de Contingencias Climáticas, es vital que el INA aporte sus datos técnicos también», añadió.

El valor de los datos en tiempo real: técnica al servicio de la emergencia

El trabajo del INA no debe confundirse con la meteorología predictiva; su foco no está en el pronóstico, sino en la respuesta técnica inmediata para proteger bienes y personas a través del monitoreo constante de los cauces y la atmósfera. Esta información es vital para la gestión de riego y el manejo hídrico. De hecho, el instituto mantiene una comunicación fluida con el Departamento General de Irrigación, lo que permite optimizar el uso de las reservas en los diques. «Comunicamos los datos para que puedan manejar los embalses de manera eficiente. Una lluvia importante en las zonas productivas puede ahorrar la distribución de un turno de riego, algo que resulta fundamental en años de crisis hídrica como los que venimos transitando», expuso Ruiz.

Asimismo, la red de estaciones cumple una función crítica en materia de seguridad civil. El INA funciona como una alarma temprana para Defensa Civil ante la inminencia de aluviones. «Cuando nuestras estaciones detectan lluvias torrenciales en las cuencas altas en tiempo real, alertamos inmediatamente sobre la posible bajada de agua desde los cerros. Esto permite que los organismos de seguridad tomen las medidas de protección necesarias antes de que el agua llegue a las zonas urbanizadas», contó el entrevistado.

Asimismo, el acopio de estos datos contribuye al estudio del cambio climático desde una perspectiva científica rigurosa. Si bien existe una discusión abierta sobre si el aumento de las precipitaciones es consecuencia directa de la actividad humana, el INA aporta la evidencia histórica necesaria para este debate. «Estamos encarando estudios de evolución de 30 años. Existe una tendencia observada por organismos como el CONICET hacia una mayor pluviosidad en la región, pero la ciencia requiere periodos de análisis muy largos para poder emitir afirmaciones contundentes sobre cambios permanentes en el clima», aseveró Ruiz.

Entre la crisis hídrica y las tormentas de verano

A pesar de la abundancia de agua en el llano durante este verano, Ruiz recordó que Mendoza viene de una crisis hídrica prolongada de casi 15 años por falta de nieve, lo que obliga a ser cautos con el optimismo. «Mendoza se caracteriza por estas lluvias torrenciales entre diciembre y marzo. Nuestro promedio anual no supera los 250 milímetros. Aunque veamos eneros muy lluviosos, no podemos afirmar hoy una evolución definitiva hacia un clima húmedo. La variabilidad es la norma. Lo que sí hacemos es brindar información precisa a los organismos de gestión para que elaboren los estudios de riesgo. Nosotros medimos lo que cae hoy para decidir cómo gestionar el recurso mañana», completó.

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