El Departamento General de Irrigación (DGI) de Mendoza completó una profunda reingeniería tecnológica sobre su red de telemetría en la cordillera, un paso clave para optimizar el seguimiento del recurso hídrico provincial. La modernización, que implicó el recambio total de un sistema de comunicación satelital con un cuarto de siglo de antigüedad, coincide con un inicio de invierno caracterizado por la absoluta escasez de manto níveo en las principales cuencas.
El director de Gestión Hídrica del organismo, el ingeniero Rubén Villodas, detalló el despliegue de las nueve estaciones automáticas que operan en la provincia, analizó los desfasajes en las proyecciones globales de las fases meteorológicas y relativizó el concepto de «crisis hídrica», precisando que los meses determinantes para evaluar el escenario del ciclo productivo son julio y agosto.
Modernización de telemetría: comunicación satelital 24/7 en la cordillera
La red de medición invernal dejó atrás los esquemas de transmisión analógicos instalados a finales de la década de 1990 para dar paso a un flujo informático continuo y en tiempo real, vital para confeccionar los pronósticos de escurrimiento. «En realidad, la campaña de medición de precipitaciones níveas ya ha comenzado hace mucho tiempo; es una tarea que no termina nunca porque operamos con estaciones automáticas que miden en forma continua todo el año. Lo que sí hemos terminado de consolidar en este último período, tras un intenso trabajo, es el cambio definitivo del sistema de comunicación de alta montaña. Las estaciones cumplen dos funciones esenciales a nivel de telemetría: una cosa es medir el dato físico en el terreno y otra muy distinta es transmitir esa medición hacia la central. El sistema de transmisión satelital anterior tenía casi 25 años de antigüedad, habiéndose instalado a fines de los 90. Si hay algo que ha avanzado y mutado en las últimas dos décadas son las comunicaciones, por lo que renovamos por completo la infraestructura, las estructuras físicas en la roca y la matriz digital. Gracias a este recambio, actualmente disponemos de comunicación satelital en tiempo real las 24 horas del día», explicó Rubén Villodas a FM Vos 94.5.
Radiografía de la cordillera: un arranque de invierno con registros en cero
A pesar del ingreso formal de la estación invernal, las auditorías en tiempo real demuestran que el suelo cordillerano carece de acumulaciones sólidas estables, una tendencia que se ha vuelto recurrente en los últimos quince años. «Más allá del éxito en la actualización tecnológica, la realidad climática actual muestra que no ha nevado nada en ningún lado; estamos realmente esperando que comiencen las nevadas fuertes. Tuvimos un evento aislado a principios de abril y luego una nevada pequeña durante mayo, pero todo eso ya se ha perdido prácticamente. La nieve que ha aparecido en las últimas semanas ha sido muy del día, del tipo volátil, y terminó desapareciendo por completo a las 24 horas», comentó Villodas.
«En este momento exacto, todas las estaciones de Irrigación se encuentran sin nieve. Monitoreamos la cordillera a través de nueve bases propias ubicadas estratégicamente en la cuenca del río Mendoza —en Horcones, al pie del cerro Aconcagua, y en Toscas. La cuenca del río Tunuyán cuenta principalmente con las estaciones nivometeorológicas Palomares y Salinilla, complementadas con la estación hidronivometeorológica Santa Clara. en la Laguna del Diamante, la Laguna del Atuel, Valle Hermoso y la cuenca del Malargüe, sumando además el seguimiento de la estación Pehuenche, que pertenece a la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación», detalló.

Desmitificando la situación hídrica y el descalce del fenómeno de «El Niño»
Frente a las visiones alarmistas o las proyecciones meteorológicas que anticipaban temporales extraordinarios para la región de Cuyo, el especialista llamó a evaluar los datos con prudencia científica y rigor estadístico. «El concepto de que venimos inmersos en una crisis hídrica ininterrumpida desde hace varios años es algo que hay que tomar con mucho cuidado. A nivel de sistemas de alerta y metodologías de medición, la palabra ‘crisis’ no posee una definición técnica cierta en los manuales y suele resultar demasiado subjetiva. Es innegable que Mendoza atravesó niveles muy severos de sequía hasta el ciclo 2022-2023, pero los últimos dos períodos mostraron dinámicas diferentes: el ciclo 2023-2024 fue un año normal y el período 2025-2026 que estamos recorriendo se perfila como escaso, pero bajo ningún punto de vista ha alcanzado los niveles críticos de las sequías históricas», definió el director de Gestión Hídrica de Irrigación.
«Para el ciclo actual, durante varios meses los centros internacionales anunciaron la llegada de una fase muy fuerte y marcada del fenómeno de ‘El Niño’, catalogándola en algunos informes como una de las más intensas de las que se tuviera registro. Históricamente, esa configuración atmosférica debería haber implicado un volumen inmenso de nieve para la cordillera de Mendoza, cosa que no ha ocurrido en absoluto porque esa corriente no ha ingresado en los tiempos previstos», observó.
«Los modelos matemáticos calculan ahora que esa inestabilidad podría retrasarse hacia fines de agosto o principios de septiembre. Bajo esa perspectiva, estimo que vamos a enfrentar nevadas muy tardías, y es altamente probable que registremos importantes tormentas de lluvia durante el verano si la fase finalmente se declara de forma neta», anticipó.
La ventana estacional clave: expectativas puestas en julio y agosto
Los registros históricos del Departamento General de Irrigación sitúan los meses subsiguientes como el verdadero núcleo de acumulación, desestimando la relevancia de un mes de junio seco. «Al cerrar el mes de junio, los registros nos posicionan en un nivel levemente por debajo de lo normal, pero de ninguna manera en un escenario de sequía grave. Hay que tener en cuenta que, analizando la estadística de los últimos 10 a 15 años, han sido muy escasos los períodos en donde se registraron nevadas de real importancia durante el mes de junio. Anteriormente, hace muchas décadas, la nieve sí aparecía de forma temprana en esta época, pero esa dinámica cambió», afirmó el referente del organismo.
«Recordemos que los dos meses verdaderamente determinantes para la acumulación nívea en Mendoza, incluso sin la presencia de fenómenos climáticos extraordinarios, son julio y, fundamentalmente, agosto. Por lo tanto, todavía nos encontramos transitando una etapa que podemos encuadrar dentro de los carriles normales. Recién a partir de las próximas dos semanas deberíamos empezar a ver los primeros temporales sistemáticos, y allí sí comenzará el espacio para la preocupación institucional si es que la nieve no aparece en la alta montaña», culminó.







