A un año y medio de asumir la conducción transitoria de la Diócesis de San Rafael, General Alvear y Malargüe, el administrador apostólico Marcelo Mazzitelli realizó un amplio análisis de la realidad eclesial y social del sur mendocino en los estudios de la emisora Fm Vos 94.5. Habló de la reconstrucción institucional tras la salida del obispo Carlos Domínguez, del avance de la pobreza, de la necesidad de recuperar el diálogo social, de las dificultades que atraviesan muchas familias y de la importancia de la educación para el futuro del país.
Durante una entrevista en el programa “Todas las Voces”, que se emite los sábados de 10 a 12.30 por FM Vos 94.5 y es conducido por Ariel Sat y Alejandro Sosa, monseñor Marcelo Mazzitelli, obispo auxiliar de Mendoza, explicó que fue designado por el Papa Francisco como Administrador Apostólico para conducir la Diócesis hasta la llegada de un nuevo obispo. Aunque se trata de una función transitoria, aclaró que cuenta con las mismas atribuciones que un obispo titular. “Siendo prudente en las innovaciones, porque hay que esperar al nuevo Obispo que nombre el Papa, tengo todas las facultades del Obispo”, explicó.

Asimismo, explicó que actualmente existe una circunstancia que influye en los tiempos institucionales: la Argentina todavía no cuenta con un nuncio apostólico en funciones.
“Para nada. El cambio de Papa no frena la dinámica ni la acción pastoral. Sí la falta del nuncio, que es quien lleva adelante todas estas acciones”, afirmó al ser consultado sobre si la muerte de Francisco y la elección de León XIV habían influido en el proceso.
Al recordar cómo encontró la diócesis cuando llegó al sur provincial tras la salida de Carlos María Domínguez acusado de abusos, reconoció que se encontró con una comunidad profundamente afectada por los acontecimientos que derivaron en la salida del anterior obispo. “Yo me encuentro con una diócesis herida, dolida, pero sin dejar por eso de vivir su fe”, señaló.
No obstante, destacó que esa situación no paralizó la vida pastoral. “No vi a una diócesis paralizada. Eso habla mucho también de la experiencia de fe de un pueblo que camina aun con su dolor y su herida”, expresó.
Con el objetivo de conocer de primera mano la realidad de la Iglesia del sur mendocino, una de sus primeras decisiones fue recorrer todo el territorio diocesano. En apenas unos meses visitó comunidades de San Rafael, General Alvear y Malargüe.

Aquellos encuentros le permitieron advertir que, pese a las dificultades, existía una fuerte voluntad de seguir adelante. “Hoy puedo hablar de una sanación y un trabajo pastoral que tiene su dinámica, que sigue”, afirmó.
Respecto de la situación de Carlos Domínguez, informó que permanece apartado del ejercicio ministerial y reside actualmente en la casa provincial de los Agustinos Recoletos en Buenos Aires. Además indicó que todas las actuaciones realizadas en el ámbito local ya fueron concluidas y que ahora corresponde al Dicasterio para los Obispos continuar con el proceso.
La Diócesis en el sur mendocino
En cuanto a la relación con las autoridades políticas de los tres departamentos que integran la Diócesis, Mazzitelli aseguró que mantiene vínculos institucionales fluidos y respetuosos con los tres municipios del sur provincial. “He tenido encuentros con los tres intendentes, he tenido diálogos con gente de los concejos deliberantes y de los distintos partidos”, señaló.
Según explicó, la relación con los gobiernos locales se caracteriza por el respeto y la colaboración institucional, mientras que el vínculo con la Provincia se desarrolla principalmente a través de distintas áreas y organismos específicos.
Uno de los conceptos que atravesó buena parte de la conversación fue la necesidad de fortalecer la unidad. Mazzitelli recordó que incluso recibió un mensaje en ese sentido por parte del papa León XIV. “Las últimas palabras que el Papa me dijo fueron: trabaje por la comunión”, relató.

El administrador apostólico explicó que esa recomendación coincide plenamente con su lema episcopal, “Que todos sean uno”, y sostuvo que la Iglesia debe trabajar permanentemente para fortalecer la comunión tanto dentro de la comunidad eclesial como en la sociedad en general. “La voz de la Iglesia es una voz más en una sociedad plural”, expresó.
Por eso consideró que la institución tiene la responsabilidad de promover espacios de encuentro, diálogo y consenso.
“Creo que nuestro desafío también es ayudar a construir diálogos, consensos y poner voz a lo que a veces se invisibiliza o se quiere invisibilizar”, afirmó.
Entre esas problemáticas ubicó a la pobreza, una realidad que observa con preocupación en los tres departamentos del sur mendocino. Según indicó, desde Cáritas se registra un aumento de las demandas de ayuda y de las necesidades que llegan diariamente a las parroquias. “A veces se quiere invisibilizar la pobreza”, advirtió.
Mazzitelli vinculó esta situación con las dificultades que atraviesan la Argentina, las economías regionales y con la realidad productiva de una zona donde gran parte de la actividad depende del sector rural.
“Hay una cultura rural muy extendida y eso tiene su repercusión también en todo lo que significa el trabajo o la cosecha que no llega”, señaló.
Economía y vínculos sociales
A partir de allí realizó una reflexión que consideró reveladora de la situación económica actual que vio en los festejos de la Fiesta Patria en la Villa 25 de Mayo. “Cuando uno va por la calle y ve empanadas, empanadas, empanadas, no es una cosa pintoresca o cultural de la región. También es la búsqueda de cómo sobrevivir en un sistema que generalmente golpea”, expresó.
Frente a este escenario destacó especialmente el trabajo que realiza Cáritas. “No se trata solamente de dar una respuesta inmediata porque si no caemos en un asistencialismo sin dignificar”, explicó.
Por eso valoró programas de promoción humana, microcréditos y acompañamiento a pequeños emprendimientos que buscan generar herramientas para que las personas puedan desarrollar sus propios proyectos.

Además cuestionó la tendencia a analizar la pobreza desde afuera sin escuchar verdaderamente a quienes la padecen. “Se habla mucho del pobre, pero se lo escucha poco”, afirmó.
Consultado sobre cómo sostener la fe y la esperanza en un contexto económico complejo, respondió que el papel de la Iglesia consiste fundamentalmente en acompañar. “Un cristiano debe ser un profeta de esperanza”, sostuvo.
Y agregó que muchas veces ese acompañamiento se expresa en gestos simples pero concretos. “Me toca abrazar, sostener”, manifestó.
La entrevista también avanzó sobre uno de los temas que más preocupa al administrador apostólico: el deterioro de los vínculos sociales y la creciente dificultad para construir consensos. “Yo veo una desarticulación de lo social en un enfrentamiento”, expresó.
Al respecto recordó la experiencia de la Mesa del Diálogo impulsada durante la crisis de 2001 y lamentó que muchos de los acuerdos alcanzados en aquel momento no se hayan consolidado posteriormente.
A su entender, hoy predomina una lógica cada vez más individualista que muchas veces termina expresándose en el “sálvese quien pueda”.
Fue en ese marco donde planteó una reflexión sobre la meritocracia y las desigualdades de origen. “No estoy en contra del mérito. Es valorable aquel que se supera”, aclaró.
Sin embargo, consideró que la realidad no puede analizarse ignorando las enormes diferencias de oportunidades existentes entre distintos sectores sociales. “Hay quienes nacieron sin oportunidades y siguen sin oportunidades”, afirmó.

Mazzitelli recordó “Hace poco tuvimos un encuentro interesante con sociólogos, politólogos y periodistas, donde nos ayudaban a interpretar y a conocer la realidad de la Argentina a través de estadísticas y demás. Pero no solamente son las estadísticas, sino que es la interpretación de la estadística. Porque uno ve números y números, pero ¿qué me está reflejando eso? Y lo importante es entender esa realidad, hay personas”. Los especialistas hablaban de la existencia de “tres Argentinas”: una integrada por quienes siempre logran mantenerse en una situación favorable; otra compuesta por una clase media que lucha por sostenerse; y una tercera conformada por personas que nacen y crecen sin oportunidades reales de desarrollo.
Dentro de esa realidad también ubicó el crecimiento de las adicciones como una de las problemáticas más preocupantes.
“Ese también es un tema que está muy presente en nuestra realidad y creciendo exponencialmente”, advirtió al referirse al consumo problemático de drogas entre jóvenes que muchas veces no encuentran horizontes ni oportunidades.
Asimismo, uno de los conceptos más contundentes de toda la entrevista estuvo relacionado con la educación.
Para Mazzitelli, se trata de una cuestión central que ha quedado relegada en el debate público pese a que condiciona el futuro del país. “El gran flagelo para mí es el no tener la prioridad en la educación”, afirmó.
El administrador apostólico manifestó preocupación por el deterioro educativo registrado durante las últimas décadas y cuestionó que muchas veces se considere a la educación únicamente como una erogación presupuestaria. “Cuando una educación se plantea como un gasto y no como una inversión, ya estamos hipotecando nuestro futuro”, concluyó.

Los desafíos de una sociedad en transformación
Al profundizar sobre las distintas miradas que existen respecto de la pobreza, Mazzitelli consideró que los prejuicios no pertenecen exclusivamente a un sector social determinado. En ese sentido señaló que muchas veces las descalificaciones también aparecen entre personas que atraviesan situaciones económicas similares.
“No sé si poner tan claro una responsabilidad en un sector. Aún en los sectores más humildes también hay una lectura sobre la pobreza. Estos son los vagos, pero dicho por pobres”, expresó, al advertir sobre la necesidad de comprender las historias personales que existen detrás de cada situación de exclusión.
Sobre el acompañamiento a personas en situación de calle, insistió en que la ayuda material resulta importante, pero que muchas veces el aspecto más valioso pasa por el encuentro humano y el reconocimiento de la dignidad de cada persona.
“No es lo más importante la comida que le están dando. Sino estar, hablar, abrazar, saludar. Dignifican a la persona”, señaló al referirse al trabajo que desarrollan distintas comunidades parroquiales.
En esa línea recordó una experiencia impulsada por la Pastoral de Calle en Mendoza, donde se generaron espacios de encuentro con mesas y sillas para compartir momentos de convivencia. Según relató, uno de los participantes resumió el impacto de aquella iniciativa con una frase que nunca olvidó. “Padre, esto es distinto. Ahora tenemos mesa”, recordó que le dijo una persona en situación de calle.
La reflexión sobre la responsabilidad de quienes ocupan lugares de conducción también ocupó parte de la entrevista. Consultado sobre el peso que tienen los ejemplos que brindan dirigentes políticos, funcionarios o referentes institucionales, sostuvo que las conductas adquieren una dimensión diferente cuando provienen de personas que ejercen autoridad. “No es inmune la ejemplaridad”, afirmó.
Al referirse al pontificado de Francisco, destacó especialmente su capacidad para volver a colocar en el centro los aspectos esenciales del Evangelio y consideró que muchas de las críticas que recibió estuvieron asociadas a interpretaciones parciales de su mensaje. “Muchos hablan y critican a Francisco sin haber leído a Francisco”, sostuvo.

Para ilustrar esa idea utilizó una comparación literaria. “Son como los grandes eruditos de Borges que no tocaron un libro de Borges. Hablan de Borges y uno les pregunta si leyeron ‘El Aleph’ y responden que no”, ejemplificó.
Respecto de una eventual visita del papa León XIV a la Argentina, indicó que todavía no existe una confirmación oficial por parte del Vaticano, aunque reconoció que las expectativas son importantes y que ya existen trabajos preliminares vinculados con esa posibilidad.
Según explicó, la gira incluiría Uruguay, Argentina y Perú, y podría desarrollarse hacia noviembre, aunque aclaró que todavía no hay fechas confirmadas y que las visitas papales suelen estar condicionadas por distintos factores institucionales y políticos. “Lo que te puedo decir es que se está trabajando”, afirmó.
Añadió además que, de concretarse, se trataría de una visita breve, posiblemente de unos tres días, aunque igualmente significativa para la Iglesia argentina. “Sería un gran abrazo de padre que recibiríamos”, expresó.
En el tramo final de la entrevista insistió en la necesidad de recuperar la sensibilidad social y reconstruir los vínculos comunitarios en un contexto marcado por las tensiones y los enfrentamientos. “Estamos hambrientos de honestidad en nuestra sociedad”, afirmó.
Asimismo consideró que las transformaciones profundas no pueden sostenerse únicamente desde cambios estructurales o decisiones políticas, sino que requieren una renovación personal y colectiva. “Si no hay un cambio en el corazón es muy difícil cambiar una estructura”, reflexionó.
Por ello convocó a trabajar por objetivos comunes más allá de las diferencias ideológicas, religiosas o culturales. “Podemos tener nuestras diferencias, pero aún en la diversidad podemos tener el mismo sueño. Soñemos juntos por la sociedad que queremos y trabajemos por eso”.

El futuro de Mazzitelli en la Diócesis
Cerrando el programa surgió la pregunta de Alejandro Sosa: ¿Le gustaría ser elegido como Obispo de San Rafael? a lo que Monseñor respondió entre risas “Es pícaro” a lo que continuó. “A ver, estoy en disponibilidad para lo que Dios me pida. Yo lo digo honestamente esto, quiero la Diócesis. Hay un compromiso cordial, afectivo. Y creyente, ya para mí son rostros, son comunidades que uno ya conoce y quiero la diócesis. En lo que a mí me respecta estoy disponible a lo que el Papa diga si me dice tarea cumplida con mucha gratitud. Porque tengo que ser agradecido del tiempo que estoy viviendo acá. Y decir, bueno, tiempo cumplido. Si me toca continuar, la alegría de continuar con gente que quiero y conozco. Claramente”. En el cierre de la entrevista, Monseñor Marcelo Mazzitelli pidió unos segundos para bendecir, respetando las conciencias de los locutores y los oyentes. “Pido tres segundos de silencio que cada uno piense que es lo que Dios quiere, que quieren que Dios abrace hoy en sus vidas, en el misterio de la vida de cada uno. Y a quien quieran regalarle este abrazo también y les doy la bendición a todos, la audiencia y a ustedes. Que el Señor los bendiga y los proteja, que los guarde siempre, que les dé su abrazo. que se sientan amados, que la bendición de Dios Todopoderoso, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Muchas gracias”.







