Muere el primer paciente con corazón artificial, soportó 112 días y sin poder levantarse

Barney Clark pasó los últimos cuatro meses de su vida en una cama de hospital en el Centro Médico de la Universidad de Utah en Salt Lake City, conectado a una consola que bombeaba aire dentro y fuera del implante de aluminio y plástico a través de un sistema de mangueras.

En 1953, una máquina artificial de circulación extra-corpórea fue empleada con éxito por primera vez durante una operación en un paciente humano. En este procedimiento, la máquina asume temporalmente la función del corazón y los pulmones, permitiendo a los médicos operar extensivamente estos órganos. Sin embargo, después de unas horas, la sangre se daña por el bombeo y la oxigenación.

A finales de la década de 1960, se dio esperanza a los pacientes con corazones irreparablemente dañados cuando comenzaron las operaciones de trasplante de corazón. Sin embargo, la demanda de corazones de donantes siempre excedió la disponibilidad, y miles murieron cada año mientras esperaban que los corazones sanos estuvieran disponibles.

El 4 de abril de 1969, el cirujano Denton Cooley, del Texas Heart Institute, realizó una operación histórica en Haskell Karp, un paciente cuyo corazón estaba al borde del colapso total y para el cual no había un donante disponible. Karp fue la primera persona en la historia en tener su corazón enfermo reemplazado por un corazón artificial. El corazón temporal de plástico prolongó la vida de Karp durante los tres días que los médicos tardaron en encontrarle un corazón de donante. Sin embargo, poco después de que el corazón humano fue trasplantado a su pecho, murió de una infección. Se hicieron otros siete intentos fallidos y muchos médicos perdieron la fe en la posibilidad de reemplazar el corazón humano.

Sin embargo, a principios de la década de 1980, un nuevo científico pionero reanudó sus esfuerzos para desarrollar un corazón artificial viable. Robert K. Jarvik había decidido estudiar medicina e ingeniería después de que su padre murió de una enfermedad cardíaca. En 1982, desarrollo su corazón artificial Jarvik-7.

El 2 de diciembre de 1982, un equipo dirigido por el Dr. William C. DeVries implantó el Jarvik-7 en el dentista Barney Clark. Debido a que el corazón artificial de Jarvik estaba destinado a ser permanente, el caso Clark atrajo la atención mundial. Clark sufrió de complicaciones y de la incomodidad de tener aire comprimido bombeado dentro y fuera de su cuerpo. Esta experiencia dejó a muchos con la sensación de que el tiempo del corazón artificial permanente aún no había llegado.

Durante la siguiente década, otros concentraron sus esfuerzos en desarrollar bombas mecánicas para ayudar a un corazón enfermo en lugar de reemplazarlo. Estos dispositivos permiten que muchos pacientes vivan los meses o incluso años que les lleva encontrar un corazón donado. Estos implantes, que funcionan con pilas, proporcionan movilidad a los pacientes con enfermedades cardíacas y les permiten llevar una vida relativamente normal. Hoy, los científicos continúan buscando maneras de mejorar los corazones artificiales para su uso a largo plazo.