No fue una mañana más. En el hogar de ancianos de calle Sarmiento en Cuadro Nacional, el día empezó distinto: con risas, música y ese calor humano que no siempre alcanza, pero cuando llega, se siente de verdad.
Hasta allí llegó Juliana Barraza, representante vendimial del distrito, acompañada por vecinas y personal de la delegación municipal. Y lo que parecía una simple visita se transformó en un encuentro lleno de emoción.

Hubo desayuno compartido, charlas que se estiraron como viejas anécdotas y danzas folklóricas que invitaron a aplaudir, cantar y, por qué no, moverse un poco.
Los abuelos fueron protagonistas de una jornada donde lo más importante no fue lo que se llevó, sino lo que se compartió: tiempo, atención y cercanía. Porque a veces, un gesto simple puede cambiar el ánimo de todo un día.
Desde el grupo destacaron la importancia de estos encuentros que conectan generaciones y dejan huella. Y, claro, no faltó el agradecimiento al personal del hogar, que abrió las puertas con la misma calidez con la que cuidan a quienes viven allí todos los días.







