Argentina enfrenta una alarmante realidad en el combate contra el narcotráfico. Expertos en seguridad y antiterrorismo urbano, como Daniel Adler, advierten que los consumidores de drogas en el país están siendo utilizados como «conejillos de indias» para testear nuevas sustancias, con el fentanilo como protagonista. Este potente opioide, sumamente adictivo y letal, ya se ha cobrado vidas en el país y se expande en el mercado ilegal, planteando un nuevo escenario criminal.
En una entrevista que brindó a FM Vos 94.5, confirmó sin rodeos que los adictos están siendo utilizados para probar drogas. Puso como ejemplo el trágico episodio de Puerta 8 en febrero de 2022 (Gran Buenos Aires), donde 24 personas murieron y 80 fueron internadas por cocaína adulterada con fentanilo. «Si las bandas tan chicas, tan simples, pueden tener tan fácil acceso al fentanilo, ¿Qué es lo que pasa en el resto de la República Argentina?», se preguntó el especialista, señalando que existe una cifra negra de víctimas que no denuncian por desconfianza, vergüenza o temor a exponer su adicción.
«La adulteración de drogas con fentanilo es una tendencia creciente, a diferencia de épocas anteriores donde se utilizaban sustancias como vidrio molido o talco. La razón es alarmante: el fentanilo es 50 veces más potente que la heroína y 100 veces más adictivo que la morfina, además de ser mucho más económico y fácil de conseguir», advirtió el especialista.
Adler reveló que Argentina produce fentanilo de forma legal, ya que es un fármaco utilizado en anestesias y tratamientos para el dolor, incluso en casos de cáncer. Sin embargo, su fácil acceso y uso indebido han provocado que no solo penetre en la cocaína, sino también en drogas sintéticas como la cocaína rosa o «Tusi», popular en fiestas electrónicas. «El fentanilo se usa para elevar el nivel de calidad o de pureza de las drogas, permitiendo fraccionarlas más y dar la sensación de mayor efecto al consumidor», explicó el experto.
«La letalidad del fentanilo es globalmente devastadora: en Estados Unidos, mueren 300 personas por día, y el 70% de las muertes mundiales por sobredosis están relacionadas con este opioide. En Argentina, ya se han registrado 34 víctimas fatales y cinco partidas de fentanilo contaminado administrado en centros de salud, de las cuales solo se han detectado dos. Esto plantea interrogantes sobre la existencia de una producción paralela y el control de los laboratorios», consideró.
El experto en seguridad no dudó en calificar la expansión del fentanilo como una táctica bélica. «El mayor productor mundial es China, que lo exporta a México, desde donde cárteles como el de Sinaloa lo distribuyen hacia Argentina, y el de Jalisco Nueva Generación hacia Estados Unidos. La DEA y el FBI consideran esto una estrategia bélica por la cantidad de muertes que provoca. Además, el Tren de Aragua, la peligrosa multinacional criminal venezolana con presencia en la triple frontera también está incursionando en el negocio del fentanilo y la adulteración de todo tipo de drogas», alertó.
Adler lamentó que, a pesar de las buenas intenciones y la decisión política, la lucha contra el narcotráfico en Argentina necesita de más acciones. «La gente está harta de convivir con la sangre, con la muerte, con el narcotráfico, con la droga. Esta preocupación es transversal a todo el país, desde el conurbano bonaerense hasta Misiones y Corrientes», sostuvo.
«El narcotráfico corrompe lo que toca, penetra en todos los poderes de los estados y se manifiesta en el microtráfico, la venta de sustancias en las puertas de colegios e iglesias. La Secretaría de Inteligencia y el Ministerio de Defensa debe desplegar todo el poder bélico del estado para enfrentar el problema», indicó.
Finalmente, Adler expresó su preocupación por la falta de incautaciones masivas de droga y de captura de bandas criminales, a pesar de que Argentina es utilizada como plataforma de exportación, con la droga recorriendo desde la frontera norte hasta los puertos de Buenos Aires. «Muy de vez en cuando hay una incautación y a mí eso me preocupa mucho. Esto habla también un poco de la inacción del Estado. Siempre se puede hacer más», cerró.







