Por el Prof. Omar Alonso Camacho | Por la calidad de su producción y su espíritu de trabajo, la colonia japonesa del sur mendocino recibió a fines de la década del cincuenta al embajador de Japón. Un repaso por la vida del pionero que transformó el desierto en un vergel frutícola en Real del Padre, San Rafael, Mendoza.
Durante la presidencia de Arturo Frondizi, el estrechamiento de lazos entre Argentina y Japón encontró en el oasis sur de Mendoza un escenario inesperado pero ejemplar. El entonces embajador nipón, Masao Tsuda, no solo buscaba normalizar vínculos comerciales, sino deseaba integrar a sus compatriotas en el ambicioso plan de desarrollo agrícola nacional.
Fue en ese marco que se produjo un hecho inédito para la diplomacia de la época: el embajador viajó hasta Real del Padre para compartir las fiestas de fin de año con la comunidad local. Aquella visita no fue casual; era un reconocimiento directo a la prosperidad de la colonia fundada por Seizo Hoshi, un hombre cuya visión cambió la matriz productiva de la zona.

El visionario de Fukushima
La historia de esta comunidad comenzó en 1918, cuando Seizo Hoshi —nacido en Fukushima en 1878— llegó al sur mendocino tras probar suerte en Brasil y Buenos Aires. Contratado por la firma Aguilar y Goti para administrar 400 hectáreas, Hoshi demostró una capacidad de gestión excepcional en la finca «Los Nogales».
Hoshi no se conformó con la administración tradicional de una finca. Convencido del potencial del suelo mendocino, aplicó técnicas de cultivo innovadoras y gestionó la llegada de nuevos contingentes de compatriotas para que lo ayudaran en nuevos proyectos agrícolas. Así nació la primera colonia japonesa de Mendoza, una comunidad que rápidamente comenzó a cosechar premios provinciales por la excelencia de sus frutas.

Pionero de la exportación
El prestigio de Hoshi trascendió las fronteras del distrito. Como fundador del Establecimiento Frutícola Andina, fue pionero en el uso del ferrocarril para enviar fruta fresca a Buenos Aires, rompiendo barreras logísticas para la época.
Su pericia técnica lo convirtió en consultor de grandes familias bodegueras y empresarias, como los Arizu o Lázaro Costa. Pese a su crecimiento económico, que le permitió adquirir varias propiedades, su corazón siempre permaneció en «Los Nogales», finca que finalmente pudo comprar en el remate de 1946, consolidando allí su hogar definitivo juntos a su esposa María Murai, su hija “Pepita» y sus nietos.

UN LEGADO DE PERSEVERANCIA
El vínculo entre la colonia y su tierra natal quedó sellado con la visita del embajador Tsuda, un respaldo oficial a la labor de los residentes japoneses en el oasis. Sin embargo, el homenaje más profundo llegaría años después de su muerte, ocurrida en 1970, a los 92 años.
En 1988, al cumplirse siete décadas de la llegada japonesa al sur, la comunidad instaló en la plaza principal una roca con una palabra grabada a “fuego”: Nintai. El término, que significa perseverancia, es el mejor resumen de la vida de Hoshi.

Hoy, su nombre no solo habita en la memoria de los vecinos y en las crónicas diplomáticas, sino también en la Escuela Técnica Agraria de la localidad, donde las nuevas generaciones de agricultores continúan el surco que el pionero japonés comenzó a trazar hace más de un siglo.
Fuentes: Omar Alonso Camacho. Real del Padre. Tierra de Pioneros y Colonizadores (2012) y entrevistas a “Pepita” Hoshi de Kotani y Aida Terazawa.







