“No son números, son personas”: preocupación por el aumento de gente en situación de calle en San Rafael y la disminución de políticas integrales de ayuda

Funcionarios, organizaciones sociales, referentes religiosos y voluntarios coincidieron en que la problemática de personas sin un techo y sin la posibilidad de trabajo constante es más compleja de lo que reflejan los datos oficiales. Señalaron la ausencia de refugios permanentes, el impacto de la salud mental y la necesidad urgente de una estrategia coordinada.

La situación de las personas en situación de calle volvió a instalarse con fuerza en la agenda pública tras la difusión de un ranking nacional que ubicó a Mendoza entre los distritos con mayor cantidad de casos. Sin embargo, lejos de aportar certezas, los números abrieron una fuerte discusión sobre su veracidad y alcance. En ese marco, el programa “Todas las Voces”, que se emite por FM Vos 94.5 de 10 a 12.30hs. con la conducción de Ariel Sat y Alejandro Sosa, reunió a distintos actores de San Rafael para analizar la realidad local, que —según coincidieron— es más compleja, menos visible y está lejos de poder medirse con precisión.

Del importante encuentro en los estudios participaron Mariela Langa, directora de Desarrollo Social de la Municipalidad; Robinson Julián, referente de la Pastoral Social; Diego González Garré, coordinador de la Noche de la Caridad; y Fabio Flores, voluntario de la Cruz Roja. Desde distintas experiencias, todos coincidieron en un diagnóstico común: la situación crece, se diversifica y no encuentra respuestas estructurales.

En la mesa de Fm Vos 94.5 se trató un flagelo que está en crecimiento

“El número está por debajo de lo que nosotros estimamos”, afirmó Langa al referirse a los datos difundidos recientemente sobre que en el norte mendocino hay alrededor de 400 personas en situación de calle. La funcionaria municipal explicó que uno de los principales problemas es la dificultad para medir el fenómeno. “No me gusta la palabra censo, porque siempre censamos a los pobres”, sostuvo, y detalló que actualmente se trabaja en un relevamiento conjunto con distintas instituciones.

En ese sentido, introdujo una distinción clave para entender el escenario: “Una es la situación de calle puntual, en donde la persona vive en la calle, duerme en la calle; y otra es la estrategia de calle”. Esta última categoría incluye a quienes permanecen durante el día en espacios públicos pero cuentan con algún lugar eventual para pasar la noche. La diferenciación no es menor, ya que condiciona tanto las estadísticas como las políticas de intervención y demuestra que el fenómeno no es lineal ni uniforme.

La dificultad para establecer cifras concretas fue un punto reiterado durante el debate. Desde la Noche de la Caridad, González Garré explicó que “decir un número es muy difícil porque son personas”, y describió la dinámica cambiante de este grupo: “Es muy itinerante”. No obstante, aportó un dato orientativo: “Hoy por hoy podemos decir que hay 15 personas habituales” en la zona céntrica de San Rafael donde interviene la organización, aunque aclaró que se trata de un recorte parcial.

Esa mirada fue ampliada por Robinson Julián, quien advirtió que el problema está subestimado. “Creo que son muchas más las personas que están en la calle, pero no las visibilizamos”, sostuvo, y explicó que muchas se ocultan por temor. “Se esconden por esta situación del miedo a que haya algún problema con la seguridad”.

El referente de la Pastoral Social, con 50 años participando activamente en la institución, fue más allá y cuestionó directamente los datos oficiales. “Lo que manifiestan los gobiernos es una fantasía”, afirmó, al tiempo que citó informes que ubican cifras muy superiores en otras zonas de la provincia. En ese contexto, expresó su preocupación personal: “Estoy en un estado de angustia con lo que he estado viviendo últimamente”.

Robinson Julián, integrante de la Pastoral Social

A medida que avanzó el análisis, quedó claro que la situación de calle no puede reducirse a la falta de vivienda. “La situación de calle se complejiza con otras cosas”, explicó Langa, quien puso el foco en factores estructurales como el consumo problemático y la salud mental. “Estamos en un desborde con la salud mental importante”, advirtió, y remarcó la necesidad de avanzar en equipos interdisciplinarios junto al sistema sanitario.

Desde la Cruz Roja, Fabio Flores confirmó ese diagnóstico desde la práctica cotidiana. “Mentales, adicciones, ludopatía”, enumeró al describir los problemas más frecuentes, y agregó situaciones vinculadas a conflictos personales como “Me peleé con mi mujer y me fui”. Si bien explicó que muchos presentan signos vitales normales en controles básicos, también detalló que detectan patologías asociadas a la vida en la calle, como afecciones por falta de higiene. Además, destacó el trabajo territorial que realizan: controles en el lugar donde las personas duermen, articulación con el hospital para turnos médicos y acompañamiento en gestiones como pensiones por discapacidad. Esa intervención directa permite, en muchos casos, acercar a personas que de otro modo no accederían al sistema de salud.

Mariela Langa, directora de Desarrollo Social del municipio

Uno de los ejes más profundos del debate fue la relación de estas personas con la asistencia. “No se niegan a la ayuda material”, explicó Flores, en referencia a la recepción de abrigo o alimentos. Sin embargo, advirtió una resistencia a otro tipo de propuestas: “Están tan acostumbrados a ese estilo de vida que otra cosa ya no quieren. Están cómodos en esa incomodidad”. La frase sintetiza una de las principales contradicciones del problema y obliga a repensar las estrategias tradicionales.

En esa línea, González Garré planteó con claridad la necesidad de revisar el enfoque. “Hay que repensar las ayudas”, sostuvo, y explicó que muchas propuestas de llevarlos a atenciones fracasan porque no contemplan la lógica de supervivencia en la calle. “Si va y le roban todas las cosas que tiene, pierde su lugar, su ropa, su zona de trabajo”, detalló. A esto se suma un factor determinante: “Son personas que están permanentemente con miedo”, señaló, al describir un entorno marcado por la desconfianza y la inseguridad.

En ese contexto, la asistencia no puede limitarse a lo material. “Esa excusa nos permite acercarnos, conocer el lado humano”, explicó el coordinador de la Noche de la Caridad sobre la entrega de viandas. La organización, que trabaja desde hace 14 años en San Rafael, distribuye entre 45 y 50 raciones por jornada dos veces a la semana, pero entiende que el verdadero impacto está en la construcción de vínculos. “No venimos a sacar a la gente de la calle”, aclaró, sino a generar un espacio de escucha que muchas veces no existe en ningún otro ámbito.

Fabio Flores, voluntario de la Cruz Roja

Esa idea fue reforzada por Julián, quien insistió en la dimensión humana del problema. “Eso no es un rostro, es una persona”, afirmó, al subrayar la necesidad de recuperar identidad y dignidad. Sin embargo, reconoció fuertes limitaciones económicas que cada vez más se tornan irrealizables: “Ideas tenemos muchísimas, pero no tenemos cómo financiarlas”. En ese sentido, advirtió que muchas de las acciones actuales funcionan como “parches” frente a una realidad estructural.

El crecimiento de la demanda social también fue señalado como un indicador preocupante. “Por mi casa pasan todos los días 10, 12 personas pidiendo”, relató Julián, y advirtió que muchas de ellas están en situación de calle aunque no siempre sean visibles. “Cada vez veo que la situación se pone más difícil”.

En cuanto a la infraestructura disponible, la situación es crítica. “Refugios municipales no hay”, confirmó Langa, quien recordó que el año pasado se implementaron soluciones provisorias, como un hostel y un albergue, pero sin continuidad por falta de recursos. También destacó el trabajo conjunto con el Refugio de Cristo Desamparado, que tiene capacidad limitada y enfrenta dificultades operativas. Allí, la rotación de personas es constante y las condiciones mínimas —como la higiene— muchas veces se convierten en una barrera de acceso. Además, la falta de personal especializado complica el sostenimiento del espacio.

Diego González Garré, coordinador de la Noche de la Caridad

La funcionaria también apuntó a la falta de apoyo provincial. “El gobierno de la provincia tenía refugios y los ha deshabilitado”, afirmó, y señaló que las gestiones para obtener acompañamiento en San Rafael no han tenido resultados, sumado a la baja de contratos del gobierno nacional en el Sedronar, donde se trata el consumo de sustancias y adicciones. Esta situación deja al municipio y a las organizaciones locales con recursos limitados frente a una problemática creciente.

La ausencia actual de políticas públicas integrales a nivel nacional fue uno de los cuestionamientos más reiterados. “No tenemos una política muy definida respecto a esto”, sostuvo Julián, y reclamó “un Estado presente” que permita articular esfuerzos y avanzar en soluciones de fondo. En la misma línea, se planteó la necesidad de conformar una mesa de trabajo entre instituciones para diseñar estrategias coordinadas.

Mientras tanto, quienes trabajan en el territorio coinciden en que no hay respuestas simples. “No podés generalizar”, advirtió Langa, al remarcar que cada caso presenta particularidades. Historias de vida atravesadas por rupturas familiares, problemas de salud, consumos problemáticos y contextos económicos adversos configuran un escenario complejo que exige abordajes específicos.

La conclusión es contundente: la asistencia inmediata —alimento, abrigo— es indispensable, pero insuficiente. Sin una mirada integral que contemple la salud mental, el acompañamiento social, la reconstrucción de vínculos y políticas públicas sostenidas, la situación de calle seguirá creciendo, muchas veces invisible, pero cada vez más presente en la vida cotidiana de San Rafael.

Se expusieron las distintas problemáticas

El debate social frente a la calle

La conversación avanzó hacia una dimensión más profunda del problema, centrada en la mirada social sobre las personas en situación de calle y de buscar la forma “de que no sean visibles en espacios públicos” y en las tensiones que atraviesan ese enfoque. Desde las distintas voces invitadas, quedó claro que no existe una visión única, sino posturas atravesadas por la empatía, el desconocimiento y, en muchos casos, por interpretaciones simplificadas de una realidad compleja. En ese sentido, se puso en cuestión una idea extendida en parte de la sociedad: que quienes viven en la calle lo hacen por elección. “Muchas veces uno habla desde su lugar de privilegio”, planteó Robinson Julián, marcando una distancia clave entre la percepción externa y la experiencia concreta de quienes atraviesan esa situación.

En esa línea, se advirtió que la permanencia en la calle no responde a decisiones aisladas, sino a procesos atravesados por múltiples factores. “La persona tiene otra pertenencia, que no es la nuestra”, explicó Mariela Langa, al señalar que las lógicas que estructuran la vida en la calle son distintas a las de quienes cuentan con condiciones más estables. Esa diferencia, según coincidieron, es fundamental para entender por qué muchas propuestas de ayuda no son aceptadas o no logran sostenerse en el tiempo.

El análisis también incorporó la dimensión económica y la disminución de colaboración por la recesión actual, con un diagnóstico que refleja el impacto directo de la crisis. “Se nos ha caído el 60% del aporte que teníamos”, advirtió Robinson Julián, en referencia a la disminución de la ayuda comunitaria, mientras que Langa remarcó que “la gente ayuda, pero ya es difícil todos los días”, en un contexto donde muchas familias atraviesan sus propias dificultades. En ese marco, se sostuvo que los espacios de asistencia han sido clave para garantizar la alimentación de sectores vulnerables, aunque su sostenimiento resulta cada vez más complejo.

A pesar de ese escenario, se destacó el rol de la comunidad local. “La comunidad de San Rafael es muy solidaria”, señaló Diego González Garré, quien subrayó que gran parte de las iniciativas se sostienen con aportes voluntarios. Sin embargo, también advirtió sobre una limitación central: “Necesitamos gente, necesitamos calor humano”, remarcó, poniendo el foco en la falta de voluntarios como uno de los principales obstáculos. “Sin gente es imposible”, agregó, en relación a la dificultad de ampliar los dispositivos de contención.

En paralelo, se planteó la necesidad de una mirada más amplia sobre el problema. “Falta una mirada más holística”, sostuvo Fabio Flores, quien explicó que la situación debe abordarse como un sistema complejo. “Un comedor no soluciona la pobreza, es un parche”, afirmó, y señaló que “hay que ir al origen del problema”, advirtiendo que las respuestas aisladas no logran modificar las causas estructurales.

En el plano concreto, las urgencias continúan marcando la agenda de trabajo. “Nuestra prioridad hoy es el frío”, explicó Langa, al detallar que muchas de las estrategias se definen en función de las condiciones climáticas. En ese sentido, también destacó el avance en la conformación de equipos interdisciplinarios, aunque reconoció que los recursos son limitados y que gran parte del esfuerzo recae en el ámbito municipal. “Todo lo está sosteniendo el municipio”, afirmó, en referencia a la falta de acompañamiento de otros niveles del Estado como el provincial y el nacional.

Los invitados agradecieron al medio por visibilizar una problemática que crece día a día

Uno de los momentos más representativos del intercambio en Todas las Voces estuvo dado por la descripción de situaciones concretas que reflejan la complejidad del abordaje. “Fuimos a buscarlo con nieve y no quiso ir”, relató González Garré sobre un caso puntual, y explicó que la negativa se vinculó a un temor concreto: “No quiso por no perder su lugar”. Esa escena sintetiza una lógica frecuente, en la que la decisión de permanecer en la calle está atravesada por el miedo a perder lo poco que se tiene. “Es su decisión”, agregó, reconociendo los límites de la intervención. “Nos costó muchísimo convencerlo”, completó.

En ese contexto, se advirtió sobre el riesgo de invisibilizar la problemática. “Hay que visibilizarlo y buscarle la alternativa”, sostuvo Langa, quien también cuestionó las miradas que reducen la situación a una cuestión estética. “Es muy fácil decir que afea la ciudad”, expresó, en referencia a los discursos que rechazan la presencia de personas en la vía pública sin proponer soluciones concretas.

Finalmente, la reflexión se desplazó del plano estadístico al humano, poniendo en primer plano la necesidad de recuperar la empatía. “No es un número, es una persona”, sostuvo Julián, en una frase que sintetiza el eje central del debate. En ese sentido, Langa advirtió: “Nos estamos quedando sin sensibilidad”, planteando un desafío que excede a las instituciones y alcanza al conjunto de la sociedad. Al cierre del programa los invitados agradecieron a Diario San Rafael y Fm Vos 94.5 por marcar la agenda informativa del sur con esta temática que cada día se torna más actual, un flagelo que día a día crece impulsado por la recesión y la crisis económica.