Cada 7 de junio, en Argentina, se celebra el Día del Periodista, cuyo origen radica en que este día Mariano Moreno fundó la «Gazeta de Buenos Ayres», el primer periódico de la Argentina. Y quizá este año sea una buena oportunidad para reflexionar sobre una profesión que muchas veces es cuestionada, otras tantas incomprendida y, con demasiada frecuencia, convertida en blanco de agresiones, descalificaciones y campañas de desprestigio.
En tiempos donde la información circula a una velocidad vertiginosa y donde cualquiera puede emitir opiniones desde una pantalla, pareciera haberse desdibujado el valor de quienes tienen la responsabilidad de buscar los hechos, contrastar fuentes, verificar datos y ofrecer a la sociedad información confiable. Sin embargo, el periodismo sigue siendo una pieza fundamental para la vida democrática.
Porque los periodistas no están para agradar al poder. Están para observarlo, controlarlo y, cuando corresponde, cuestionarlo. Esa tarea suele generar incomodidades. Siempre fue así. Los gobiernos, sin importar su signo político, han mantenido tensiones con quienes comunican aquello que preferirían mantener lejos de la mirada pública.
Durante los años del kirchnerismo, especialmente en las gestiones de Cristina Fernández de Kirchner, la confrontación con la prensa fue una constante. En aquel entonces, el foco estuvo puesto principalmente sobre grupos mediáticos y empresas periodísticas. Pero aun en medio de esas disputas, la discusión se desarrollaba mayormente en torno a medios y estructuras empresariales.
Hoy asistimos a un fenómeno diferente. Nunca desde la recuperación democrática un presidente de la Nación había dedicado tanto tiempo, mensajes en X y tanta energía a descalificar de manera sistemática a los periodistas que hacen su trabajo de informar. Acusaciones de «ensobrados», «basuras humanas», «corruptos» y otras expresiones igualmente agraviantes se han vuelto parte habitual del discurso público del presidente Javier Milei, con el solo fin de hacer descreer en la ciudadanía de los datos que brindan los medios, y así genera un odio al mensajero y «cegar» de valor lo expuesto.
La crítica al periodismo al funcionario es legítima. Como cualquier actividad humana, el periodismo puede comete algunos errores, tiene posibles falencias y si es así, debe estar dispuesto a rendir cuentas ante la sociedad. Pero una cosa es cuestionar prácticas o coberturas y otra muy distinta es promover un clima de hostilidad permanente contra quienes ejercen la profesión para «blindar» el relato del gobierno.
Cuando se degrada la figura del periodista, no se perjudica solamente a un trabajador de prensa. Se debilita una herramienta esencial para que la ciudadanía pueda acceder a información independiente y ejercer un control sobre quienes administran el poder político, económico o institucional.
Por eso, en este Día del Periodista, creemos que vale la pena decir algo que parece ir a contramano de los tiempos que corren: no valoramos lo suficiente a los periodistas.
Y en esta fecha también queremos reconocer a quienes, durante casi tres décadas, construyeron y sostuvieron Diario San Rafael. A los que estuvieron y a los que están. A quienes recorrieron calles, barrios y distritos; a quienes contaron las buenas noticias y también las difíciles; a quienes entendieron que informar no es solamente una profesión, sino también un compromiso con la comunidad.
Desde su nacimiento, este diario asumió una bandera que sigue vigente: trabajar, desde la comunicación, por el desarrollo de San Rafael y la región sur de Mendoza. Ese objetivo continúa guiando cada cobertura, cada artículo y cada esfuerzo periodístico.
Porque los periodistas pasan. Los gobiernos también. Pero la necesidad de una sociedad informada, crítica y libre permanece para siempre.



