EL LABERINTO DE UNA LUCHA DRAMÁTICA Y EXISTENCIAL
Por Lic. Julio Alejandro Neme | Analista Internacional | Profesor UNCuyo
Cuando el sábado 28 de febrero, los EE.UU. e Israel, agredieron injustificadamente a la República Islámica de Irán, sin planificación geoestratégica y objetivos claros, sabíamos que no sería una acción más. Que esta vez nos encontrábamos ante una situación sin precedentes, al menos desde fines de la SGM. De todos modos, y ante la consulta de algunos medios, determiné con claridad que el ataque conduciría al fracaso, y que bajo ningún aspecto, ni el gobierno, ni la soberanía Persa se verían afectados. Y no solo por ciertos conocimientos previos, sino porque desde el comienzo, el eje Washington-Tel Aviv, cometió un grave error de cálculo. La política de descabezamiento, en especial al líder supremo Alí Kamenei- lejos de lograr el derrumbe del Estado, lo fortalecería. Devendría en una significativa cohesión social, inherente a leyes profundas, como la fidelidad o fraternidad cultural o étnico religiosa, que va más allá del fracaso de algún plan económico o la devaluación de una moneda. Es indudable que pocos pueblos en la actualidad, comparten en mayor o menor medida, lazos de sangre tan fuertes o se entroncan con la formación del martirio, propia del Chiismo. Martirio que potencia la moral de toda una sociedad, la eleva, dispara. Y si hablamos de factores más concretos, hay una estructura estatal bien sofisticada, con verdaderos expertos que conocen a la perfección los asuntos de Estado. Si un líder es eliminado, inmediatamente se lo reemplaza por una figura de igual valía. Si bien occidente cree que asesinando figuras preeminentes decreta el colapso de un país, no entienden ciertas realidades sobre el terreno.

En septiembre de 2024, se pensó que el asesinato de Hassan Nasrallah, líder histórico y Secretario General de Hezboláh Libanés, debilitaría la estructura o el ala militar del Partido. O tal vez lo sucedido una semana antes, con el crimen de varios cabecillas del movimiento, mediante beepers o buscapersonas. Creyeron que estos golpes significaría el fin de Hezbollah. Sin embargo la capacidad operativa siguió intacta, incluso tonificada. Actualmente combaten con alta suficiencia en el sur del Líbano, pese a que la entidad Sionista ha movilizado alrededor de sesenta mil efectivos, y sus Cazas y tanques llueven a granel. Un ejemplo de solidez es la colina de Khiam. Campo de batalla inexpugnable para las tropas israelíes. No la consiguieron ocupar ni en 1978, 2000, 2006, ni en 2024. Hoy, casi a fines de marzo, son repelidos con la misma intensidad. Es evidente que Israel aprovecha el conflicto con Irán, para anexionar el sur del país hasta la confluencia del Río Litani. De hecho, volaron todos los puentes que lo unen con Beirut en pos de aislarlo. Pero Hezbollah replica con armamento bien sofisticado. Ante estos golpes, Israel aplica la doctrina Gaza, o sea bombardeos indiscriminados a apartamentos, hospitales, escuelas, Iglesias, mezquitas, centrales eléctricas.

Volviendo a Irán, tampoco funcionó la política de decapitación en la anterior guerra. En junio del año pasado, en las primeras horas, asesinaron al comandante de la Guardia Revolucionaria, Hossein Salami, al Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, general Mohammad Bagheri, y a los científicos nucleares Fereydoon Abbasi y Mohammad Mehdi Tehranchi. Esa colisión, conocida como “La guerra de los 12 días” concluyó con la capitulación de Israel mediante una solicitud a Trump. Irán aceptó. Abriendo una pequeña ventana a la paz, sincero en su estilo dialoguista. De todas maneras, consciente que tarde o temprano, las acciones se reanudarían, no dejó de prepararse. Muchos indican que Irán desde la invasión de EE.UU. a Irak en 2003, se ha ido acondicionando para una conflagración a alta escala. Por eso abordó el asunto con la mayor agudeza posible, sin descuidar vector alguno. Fiel a su filosofía. Sin embargo, pocos creían que llegado el caso, soportaría incólume, el ataque de dos superpotencias con una capacidad militar superlativa. La mayoría de los analistas, politólogos, periodistas, licenciados en relaciones internacionales, incluso expertos militares, creyeron en el derrumbe inevitable. Que estimulados por la eliminación del Líder Supremo, gran parte de la sociedad civil “rompería las cadenas de la opresión”. Pero una cosa es el guión de los medios internacionales, manejados en un noventa y cinco por ciento por el Sionismo y otra es la realidad. Por más que disfracen a sus mercenarios presentadores de noticias con atuendos de periodistas, la verdad cuenta con vuelo propio. Para asombro o perplejidad de la mayoría, verdaderas mareas humanas se agolparon en las calles a manifestar su amor incondicional a su líder mártir, a su suelo y patria. La magnitud del fenómeno fue de tal naturaleza, que en cuestión de días, ese relato ignominioso, construido tras décadas de patrañas y embustes, se esfumó invariable. Los que ciegos, ya sea por ingenuidad o desconocimiento absoluto, demonizaron un proceso inherente a valores profundos, tales como el honor, la dignidad, el sacrificio y la virtud, no tuvieron opción ante los sucesos. Y es que desde la primera noche del 28 de febrero a la actualidad, en la mayoría de las ciudades, millones de almas con sus banderas, salen a expresar su incondicional apoyo a la nación, a su soberanía. Incluso a pesar de las bombas, que a veces caen a pocos metros. Súbitamente, la narrativa de un pueblo encadenado o la caricatura de una mujer soguzgada, cayó al subsuelo. Las agendas mediáticas, sin más remedio, se enfocaron en otros puntos, con la intención de disimular tal despropósito. Lo mismo le sucedió a la clase política Epstein, con su visceral desenfreno a las más viles obscenidades e instintos perversos. Clase política que forma parte el establishment demócrata-conservador norteamericano y también israelí. Que lo tiene a Donald Trump como el más conspicuo asiduo a la famosa Isla. Pero acaso la mayor sorpresa vino del campo estratégico-militar. Irán desde el minuto cero comenzó a golpear con virulencia. El primer impacto demoledor fue a las bases de EEUU en el Golfo. Nadie imaginó que sus activos estratégicos, que tanto tiempo y dinero llevó edificar, se iban a transformar en blancos pasivos y relativamente sencillos. La quinta flota en Bahrein sufrió daños tan severos que hoy por hoy se encuentra inoperable. También las bases y pistas de aterrizaje en Arabia Saudita, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos e incluso Irak. A su vez, estos países del golfo se vieron afectados por ataques de baja intensidad a instalaciones de gas, petróleo, electricidad, acaso como un preaviso. Esto por si acaso el imprevisible Trump, en su viceral mesianismo, cumpla con la pavorosa amenaza de acabar con todas las instalaciones de electricidad y gas de Irán. Según las Naciones Unidas, un verdadero crimen de guerra. A su vez, las Petromonarquías afectadas por el combate, tarde o temprano se verán en una verdadera encrucijada. Replanteando cuestiones impensables semanas atrás: “¿Tiene sentido ceder y confiar la soberanía a EE.UU.?”, “¿Hasta qué punto es beneficioso?”, “¿Acaso aceptar sus bases sirve para defender nuestros intereses o el de su gran aliado Israel?” Da la sensación que la reconfiguración de la región y la geopolítica mundial es inevitable.

Indudablemente, luego de 27 jornadas de acciones, algunos aspectos son más que perceptibles. El poderío tecnológico de Irán es visiblemente mayor a lo previsto. A medida que transcurren los días, se consolida como una fuerza regional clave, que no deja de sorprender. Las novedosas armas que muestra semana a semana lo marca. Por ejemplo el viernes último, atacó la base militar conjunta entre Reino Unido y EE.UU. Si bien no causó daños, el dato alarmante fue que los misiles alcanzaron los 3000 km. Esto señala un nuevo precedente sobre las verdaderas capacidades de Teherán. Un dato no menor son sus acuerdos de cooperación y asistencia militar con Rusia y China. De hecho, los radares más avanzados pertenecen a Pekín y varios modelos de misiles hipersónicos cuentan con chips o circuitos integrados rusos. A su vez, no se sabe a ciencia cierta la verdadera cantidad de almacenamiento de misiles y drones. Enterrados a un nivel de profundidad indetectable, se presume que las famosas ciudades subterráneas están muy bien emplazadas, lejos de los centros de gravitación. Más bien colindantes a la frontera con Afganistán, cuyo terreno inhóspito, ni un avión o misil enemigo se ha aproximado. Por eso resulta grotesca tanta charlatanería de Trump con su lista de triunfos. A su juicio, la marina iraní está desmantelada, su sistema de defensa antiaérea eliminado. También sus misiles y drones han sufrido un 90 por ciento de destrucción. Pero bueno, Trump es Trump, y es habitual que últimamente muestre claros signos de delirio…
Un dato que también ilustra que la nación Persa no muestra todas sus cartas, son los cazas Sukhoi Su-35S rusos, que aún no ingresan en el teatro de operaciones. Y ni hablar de la marina de guerra, oculta en túneles y bien esparcida entre su vasto territorio. Pero quizá lo más favorable venga de su geografía y condiciones naturales. La extensión de su superficie, no exenta de suelo sinuoso y montañoso, es acompañado de 92 millones de habitantes. Difícil es enviar tropas e intentar éxitos. Se necesita de al menos 2 millones de efectivos con la consiguiente logística (seguimiento aéreo, agua, comidas) por eso se analizó otras opciones. Utilizar a los Kurdos del norte de Irak o el ejército Azerbayiano. Ilham Alíyev es amigo y aliado del Primer Ministro de Israel, pero sabe que un paso en falso le puede costar muy caro. Y no solo por la lluvia de misiles sobre Bakú, sino por la gran población de Azeríes chiitas, que llega casi al 90 por ciento. Recordemos que la mayor población de Azeríes se encuentra en Irán, constituyendo el segundo grupo étnico. Respecto a los Kurdos de Irak, es más enmarañado el asunto. Ni a Irán ni a Turquía le interesa movimiento alguno de esta etnia. Teherán advirtió que cualquier agitación o situación anómala en su frontera, sería repelida con misiles hacia el propio centro de poder del Kurdistan. Pero no solo por eso se mantienen al margen, no desean caer en la trampa de la CIA y Mossad, que los han utilizado y luego traicionado en el pasado reciente.

Un capítulo aparte es el estrecho de Ormuz. Bomba económica explosiva. Desde el inicio de la conflagración, están detenidos entre 15 y 20 millones de barriles al día. Irán es el amo de la situación. Puede manipular el mercado mundial a su antojo, y crear una crisis sin precedentes, como la de 1929 o 1973. El alza de los precios del petróleo, el gas licuado y los fertilizantes nitrogenados ya están repercutiendo en la economía global. Indudablemente, para lamento de sus enemigos, en Ormuz no hay opciones militares. Si alguien observa con atención un mapa, advertirá que Irán controla la mitad del golfo. Puede lanzar misiles no solo cerca de la costa, sino a cientos de kilómetros tierra adentro. O sea, podría golpear cualquier barco que incumpla las normas. Ormuz no solo se nutre de minas explosivas ubicadas en zonas estratégicas, sino cientos de misiles apuntando al estrecho. Por eso nadie apoya la aventura de Trump en su reapertura. La Unión Europea no tiene intención alguna de inmiscuirse en ese brutal laberinto. No olvidemos que en 2022, la OTAN acompañó a Biden en Ucrania con la condición de no involucrar soldados en el terreno. Saben que en el estrecho, correrían peor suerte, o sea ríos de sangre. Encima Trump, en un acto de senilidad pura, invita a China a esa andanza. Más allá de lo afiebrado, esto tiene relación con su viaje al país asiático, programado para el 31 de marzo. Tal vez un mes atrás, imaginó otro escenario. Entrada triunfal en el Zhongnanhai de Beijing, con un Teherán en sus manos y en una posición de fuerza superlativa sobre Xi Jinping. Pero para su desilusión, el mundo ha cambiado. Por eso a pocos días, China aún no ha oficializado su visita. Seguramente jamás se lleve a cabo.

Es indudable que con el paso de los días, Estados Unidos e Israel, han variado sus objetivos: primero un cambio de régimen, luego eliminar su programa nuclear, posteriormente la entrega del 60 por ciento del Uranio enriquecido, después sus misiles hipersónicos y ahora, sus pretensiones se reducen a la apertura total de Ormuz. Es evidente que ni Washington ni Tel Aviv tienen el control de la situación. Con esto no vamos a menospreciar la impresionante capacidad conjunta de ambos ejércitos. Pero esta cuestión va más allá de armamentos ultra sofisticados. Netanyahu con su genocidio en Gaza, se ha transformado en la figura más despreciable del planeta. Ciertamente no es bien recibido en ningún lado. Acaso solo en la Argentina, al mando de un Psicópata que abiertamente se autotitula “el presidente Más sionista del mundo…” Con deseos de hacer todo lo que sus amos fariseos desean, entrega de recursos y fundamentalmente la soberanía en La Patagonia. Trump lo sigue muy de cerca, y la repulsa va en aumento, incluso en Europa. Su frente interno también ha sufrido heridas. Joe Kent, ex soldado de Irak y oficial de la CIA, renunció hace unos días como director del Centro Nacional de Contraterrorismo (NCTC). En una carta cortés pero firme, manifestó lo siguiente: “No puedo, en conciencia, apoyar la guerra en Irán. No representaba una amenaza inminente para nuestra nación, y es claro que hemos iniciado esto por las presiones de Israel y su poderoso lobby americano”. También agrega que han embaucado al Presidente con la idea de una rápida victoria y compara la situación a las mismas presiones que recibió el gobierno por parte del sionismo para invadir Irak en 2003: “Como veterano y marido que ha perdido su mujer en una guerra artificiosa creada por Israel, no puedo soportar la idea de mandar la próxima generación a combatir y morir en una guerra que no aporta beneficio alguno”. Golpe durísimo para Trump, que tampoco la pasa bien en parte estratégico-militar. Los misiles crucero de largo alcance Tomahawk (BGM-109) diseñado para atacar objetivos terrestres desde buques o submarinos, se van reduciendo. El costo de cada uno de ellos es de $1.300.000 dólares. Algo similar sucede con los misiles tierra-aire de defensa Patriot (MIM-104) Cada interceptor cuesta aproximadamente 3-4 millones de dólares. Y todos los cálculos determinan que para mediados de abril, se habrán agotado. En cuanto a la fuerza aérea, si bien se puede afirmar que cuentan con el mejor grupo de cazas del mundo, incluso con aviones de sexta generación, después de un mes de conflicto, estas naves comienzan a sentir el desgaste. Si bien van rotando, la necesidad de mantenimiento constante es muy estresante. También las bases del Golfo, que han resultado averiadas en su mayoría, presentan su complejidad. Se debe recurrir a sitios imprevistos, tanto para el despegue como el aterrizaje. Sumado a esto, de los dos portaaviones desplegados para esta batalla, el USS Abraham Lincoln, con una capacidad de transporte de 100 cazas y el Gerald R. Ford, más moderno, capaz de almacenar 75 aeronaves, son monitoreados por el enemigo de forma permanente. Y fue el Lincoln el que quedó inoperativo. Las versiones que circulan son diferentes. Por el lado americano lo vinculan a un incendio en sus lavanderías, en cambio el comando de la Guardia Revolucionaria, afirma haberlo impactado. Otro punto clave, es que la escases de ciertas armas, tiene vinculación directa con lo de Rusia-Ucrania. En los últimos 4 años, tanto EE.UU. como la OTAN, entregaron a Zelenski una cantidad ilimitada de municiones. Entre ellos los mencionado Patriot y Tomahawk. Hoy lo sufren.

En cuanto a Israel, mientras abre un nuevo frente en el Líbano, una apreciable cantidad de misiles o fracciones de ellos caen en su territorio. La población corre cuatro o cinco veces al día a los refugios. Hecho inusual, sin precedentes desde su fundación en 1948. Se puede decir que por primera vez, sus ciudades sufren real poder de fuego. Su diminuta superficie no ayuda, lo que la convierte en blanco más vulnerable. De todas maneras, cuenta con una magnífica, superlativa flota de cazas de última generación. Bombarderos que inflingen estragos, principalmente en infraestructura civil, tanto en Irán como Líbano. Si bien sus sistemas defensivos siguen siendo bastante efectivos, los misiles siguen impactando. Y a medida que transcurren los días, sus interceptores (carísimos por cierto) se ven reducidos. Es evidente que el sueño de Netanyahu de un Irán desmembrado o un cambio de régimen, se evapora. Solo sería posible con la opción nuclear. Algo que, viniendo de semejante carnicero infanticida, no se puede descartar del todo. En caso de consumarse, definitivamente se abrirían de par en par las puertas del apocalipsis…
En síntesis, se está librando una batalla existencial. Hasta las últimas consecuencias. Hay mucho en juego y es lejano vislumbrar un cese de hostilidades. La guardia Revolucionaria de Irán lanzó hoy su 83 oleada de bombardeos en la Operación Promesa Veraz 4. En tanto la Resistencia en el Líbano, ejecutó el miércoles 25 de Marzo, 87 operaciones en una sola jornada. El objetivo se centró en las tropas terrestres y en los tanques Merkava. Se estima que el número de tanques atacados del 3 al 26 de marzo, rondaría entre los 40 y 55. En tanto Israel ha lanzado más de 15.000 bombas y proyectiles tan solo en Irán. Una cantidad cuatro veces superior a las arrojadas en Junio 2025. El saldo es de al menos 3.000 civiles asesinados, sumado a una contaminación medioambiental de tintes catastróficos. En Líbano, según el reporte de Médicos sin Fronteras, se han registrado más de 63 ataques sionistas contra instalaciones sanitarias. El reporte finaliza con cuarenta y cinco trabajadores de la salud asesinados y 91 heridos.
En tanto Trump juega a negociar consigo mismo. Según sus propias palabras, “ha contactado” con un alto funcionario Iraní, el cual según los vaivenes de su cerebro “es confiable y se puede llegar a un acuerdo”. En consonancia a esta narrativa, el pasado lunes ordenó aplazar el prometido ataque contra las centrales eléctricas y energéticas de Irán. Además, emulando la maniobra de su homónimo estadounidense Woodrow Wilson, quién en Enero de 1918 dictó 14 puntos para terminar la Primera Guerra Mundial, Trump propone 15. El señuelo de Wilson, hizo caer meses después en la trampa a Alemania, que aceptó el armisticio sobre la base de esas consignas, algo así como una “paz empate, sin vencedores ni vencidos”. Esto a la postre terminó en un desastre para el Imperio del Bismark, que debió rendirse de forma incondicional. Hecho que se rubricó en el Tratado de Versalles, en Junio de 1919.
De todas maneras, Irán se encuentra lejos de caer en cualquier embuste o sutil trampa. Ya expresó que esos 15 puntos son inaceptables. Como dijo el Ministro de Asuntos Exteriores Persa, Abbas Araghchi: “El fin de la guerra ocurrirá cuando Irán decida que debe terminar, no cuando Trump lo imagine”. Los persas han exigido condiciones que van en total contrapunto: el fin inmediato de las agresiones y asesinatos; la creación de un mecanismo que garantice que ni Israel ni Estados Unidos reanuden sus operaciones militares; compensaciones económicas por la destrucción de su territorio y un cese al fuego en todos los frentes regionales, incluyendo a los grupos aliados, poniendo especial énfasis en Hezbollah.
Para finalizar, es real que Irán se encuentra en una mejor posición para negociar. No solo por lo militar y estratégico, sino por el daño a la economía global que han causado los combates y el parcial cierre de Ormuz. Por último, es oportuno agregar que en una guerra de tales características, no vence aquel que inflija más daño, sino quién cuente con el mayor volumen de absorción. En eso, el nivel de desgaste de Irán es diez veces más soportables que sus dos rivales…Y eso tarde o temprano, marcará la diferencia…
Por Lic. Julio Alejandro Neme | Analista Internacional | Profesor UNCuyo






