María Florencia Francisconi, licenciada en obstetricia y oriunda de San Nicolás, provincia de Buenos Aires, compartió su terrible y traumática experiencia tras haber pasado seis semanas trabajando en la Franja de Gaza con Médicos Sin Fronteras. En diálogo con Diario San Rafael y FM Vos 94.5, describió el profundo drama humanitario que atraviesa la población palestina a manos del ejército del supremacista primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, en especial las mujeres embarazadas y los recién nacidos. Sus palabras retratan una realidad devastadora que muchos medios ocultan y ofreció un testimonio de primera mano sobre las graves consecuencias de un genocidio que parece no tener límites.
Desde el inicio de su relato, Francisconi subrayó la gravedad de la situación que viven los palestinos y que presenció: “Lo que mis compañeros y yo hemos experimentado a diario es, en principio, un desprecio brutal por la vida humana, por el derecho internacional humanitario, y una violencia brutal y desproporcional. Eso es lo que nosotros vemos mientras desarrollamos nuestras tareas médico-asistenciales y humanitarias”.
La obstetra relató situaciones desgarradoras en las que los bombardeos no distinguen entre objetivos militares y civiles, afectando escuelas, hospitales y familias enteras. “Se bombardea de igual modo un objetivo militar, como una escuela, como un niño de un año, como una embarazada, como un centro de salud”, lamentó. Según la trabajadora humanitaria, las órdenes de evacuación llegan en horarios imposibles, como las dos de la madrugada, en un contexto donde no hay transporte, electricidad ni condiciones mínimas de seguridad.

Florencia Francisconi explicó que más del noventa por ciento de la población gazatí ha sido desplazada de sus hogares, empujada hacia zonas que tampoco ofrecen garantías. “Uno de mis compañeros recibió una orden de evacuación que lo trasladaba, supuestamente, a un lugar seguro. Pero una vez que estaban todos allí, bombardearon la zona”.
Además, detalló cómo afecta esta realidad a las madres y recién nacidos, un grupo especialmente vulnerable: “Asistimos a mujeres embarazadas y niños recién nacidos. Pensar en un bombardeo mientras una mujer intenta llegar a un centro de salud para parir de forma segura es desesperante”. Las condiciones posteriores tampoco son alentadoras. “Cuando damos el alta médica tras un parto o una cesárea, siempre queda esa sensación amarga de saber que esa madre y su bebé se están yendo a vivir a una carpa improvisada, sin agua, sin baño, sin ducha, sin ropa adecuada para el recién nacido. Es una imagen horrible”, expresó conmovida ante estos ataques israelíes contra la población civil palestina.
Francisconi regresó de Gaza a finales de septiembre, pero no ha logrado desconectarse del conflicto. “Sigo en contacto con compañeros y gente que trabajaba conmigo. Me desespero cuando no me responden porque no sé qué les está pasando. Las imágenes que veo no son iguales, son peores”, comentó, al tiempo que describió cómo el desgaste emocional y psicológico afecta a quienes están en la zona. “La gente está al borde. Siempre supimos que los palestinos eran muy resilientes, pero esto está más allá del límite de lo que cualquier ser humano puede soportar”.
En otro tramo de su relato, la doctora argentina abordó la acusación recurrente por parte de Israel, que señala que Hamas utiliza a los civiles como escudos humanos y oculta armamento en zonas como hospitales o escuelas. Ante esta afirmación, Francisconi fue clara: “Yo hablo desde lo que fui testigo. No tenemos conocimiento de que eso suceda. No es algo de lo que hayamos sido testigos ni algo que hayamos discutido dentro del hospital. Lo que sí puedo hablar son de las consecuencias devastadoras de un bombardeo a cincuenta metros del hospital, por ejemplo”.
Cuando se le preguntó si había visto armas en las instalaciones donde trabajaba, fue contundente: “No, nunca vimos armas. Yo soy muy ignorante en el tema de si técnicamente algo así podría ser posible, pero no hay ninguna evidencia de que eso sucediera en los lugares donde nosotros asistíamos a la población”. La decisión de viajar a Gaza no fue fácil, admitió Francisconi. Aunque tenía experiencia previa en Palestina, tras haber trabajado en Hebrón, este nuevo destino representaba un desafío mayor. “Cuando uno escucha toda la información durante las reuniones de preparación, es durísimo. Hubo momentos en los que me pregunté si era lo correcto”, confesó. Sin embargo, su compromiso con la población palestina y con la labor de Médicos Sin Fronteras la llevó a tomar la decisión. La obstetra destacó también la falta de esperanza que se percibe entre los palestinos. “Algunas veces escuchábamos decir, ‘cuando termine la guerra, cuando esto mejore’, pero era más una expresión de deseo que una realidad tangible”, explicó. Para ilustrar el nivel de desesperación, compartió las palabras de un compañero atrapado en el norte de Gaza, una zona completamente devastada: “Me pregunto qué tipo de muerte nos espera a mí y a mi familia”.
El bloqueo israelí que impide el ingreso de suministros esenciales como alimentos, medicamentos y combustible, agrava aún más la situación. Francisconi citó un artículo publicado en la revista The Lancet, titulado “Contar muertes en Gaza, difícil pero esencial”, que detalla cómo las muertes indirectas en conflictos armados suelen superar por un margen de tres a quince veces las cifras oficiales. “Si seguimos con este bloqueo, vamos a estar más cerca de quince veces más que tres veces más”, advirtió.






