Ocho de cada diez jóvenes quieren seguir estudiando tras la secundaria, pero solo la mitad lo consigue

Según un informe del Observatorio de Argentinos por la Educación, titulado «Educación y trabajo: expectativa y realidad de jóvenes en Argentina», las perspectivas de los jóvenes argentinos en cuanto a su futuro educativo y laboral no se corresponden con la realidad.
El estudio, realizado por Flavia Ferrari Inchauspe y Eugenia Orlicki, revela que, si bien el 85% de los estudiantes del último año de secundaria planea seguir estudiando, solo el 38% de los jóvenes de 19 a 25 años lo logra.
Las oportunidades educativas y laborales en Argentina no son equitativas. Los jóvenes de los sectores socioeconómicos más bajos tienen menos probabilidades de terminar la escuela secundaria y de acceder a un trabajo de calidad. Entre los jóvenes del decil más alto, el 51% se dedica a estudiar y el 68% trabaja, mientras que, en los sectores más bajos, el porcentaje de quienes siguen estudiando disminuye a 21% y solo el 12% trabaja.
«Estos datos surgen del último informe que hicimos en el Observatorio de Argentinos por la Educación. Mediante el mismo nos propusimos comparar las expectativas frente a la realidad en cuanto a las oportunidades educativas que tienen los jóvenes de este país. Para llegar a esa conclusión tomamos la información de las Pruebas Aprender. En esa instancia de evaluación a todos los chicos del último año del secundario se les pregunta qué quieren hacer al terminar la escuela. En este marco, 8 de 10 chicos responde que tras concluir la secundaria desean seguir estudiando en un nivel superior o universitario. Lo lamentable es que en la realidad solo 4 pueden hacerlo», explicó a FM Vos 94.5, Leyre Saénz Guillén, analista de datos del observatorio Argentinos por la Educación.
«Se produce un choque muy grande entre las expectativas y la realidad. Entre los chicos más vulnerables y los más favorecidos del país prácticamente no hay disparidades en lo que refiere al deseo de poder seguir estudiando. Este dato es sumamente positivo, puesto que muchas veces se piensa que los chicos más pobres prefieren ir a trabajar. Las expectativas de estudios son similares», destacó.
Luego dijo que esta estadística favorable se contrapone a las oportunidades socioeconómicas. «Entre los jóvenes del decil más alto, el 51% se dedica a estudiar y el 68% trabaja, mientras que, en los sectores más vulnerables, el porcentaje de quienes siguen estudiando disminuye a 21% y solo el 12% trabaja. Aquí es donde realmente se puede observar una brecha. El sistema educativo no logra acompañar a los jóvenes de los sectores más bajos en sus trayectorias escolares», observó Sáenz Guillén.
En ese sentido, la especialista dio su mirada sobre el actual sistema educativo argentino. «Hay dos tipos de indicadores que son la misma cara de una moneda. En cuanto a la cantidad y el acceso a la educación, Argentina viene mejorando visiblemente. Incluso, las tasas de abandono escolar están en franco descenso. Que los chicos estén dentro de las aulas es muy importante. Lo que sucede es que este factor positivo se contrapone a la calidad educativa que reciben los chicos. Hay que encontrar un balance, porque si el sistema educativo fuera muy exigente hoy muchos estudiantes quedaría afuera él. Habría que ver cómo se puede ajustar la calidad educativa sin que afecta a la deserción escolar», manifestó.
«El declive de la calidad educativa es en todos los niveles. Hay datos que demuestran que desde tercer grado uno de cada dos chicos no puede comprender un texto básico. La brecha educativa arranca desde muy temprana edad, esto demuestra que la escuela debe nivelar la calidad desde los primeros años de la escolaridad. Se debe reforzar en Argentina la alfabetización temprana», subrayó la referente del Observatorio de Argentinos por la Educación.
Por último, comentó que se trata de una situación bastante crítica de resolver. «Los jóvenes se sienten frustrados. Muchos abandonan la universidad porque no pueden resolver los contenidos. La base del secundario no es buena. Por otro lado, a los chicos más pobres les va todavía peor. La escuela debe asumir un poco este rol y achicar la brecha. La educación debe ser una oportunidad equitativa para todos. Se está hablando de que haya dos docentes en el aula. Uno que es el titular y otro que vendría a ser como una especie de tutor que acompaña a los alumnos con trayectorias escolares más débiles. Esto llevaría a que el niño pueda nivelarse de acuerdo a sus necesidades. Con una educación tan estandarizada es muy difícil que todos los estudiantes puedan aprender simultáneamente en el grado», concluyó.