Otra brecha de injusticia
Tal como publicara ayer Diario San Rafael en base a un informe difundido por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la diferencia de precios entre lo que pagó el consumidor y lo que recibió el productor en el campo por sus alimentos agropecuarios aumentó 12,4 por ciento en julio, impulsada por el salto en la brecha de los productos frutihortícolas. De esa manera, el consumidor pagó en góndola 5,87 veces más por productos agropecuarios de lo que cobró el productor por esos mismos alimentos.
Los sanrafaelinos conocemos sobradamente la situación, no solo porque pagamos muchos productos más caros que en otros puntos del país e inclusive de Mendoza, sino –sobre todo- porque vemos a diario las peripecias que deben realizar nuestros productores para llevar adelante una tarea que, en general, es retribuida de forma paupérrima para luego ver cómo sus productos son ofrecidos a precios elevados en el mercado final.
Entre las situaciones que explican la brecha “origen-destino”, están los impuestos que van grabando la cadena de producción, y el poder que han acumulado los tramos finales de la comercialización. Y son los supermercados los que aparecen como los mayores beneficiados, quedándose con una porción más que importante de la torta por el solo hecho de comprar y vender productos. En el medio del camino, los industriales que agregan valor al producto primario, procesándolo, creando fuentes de trabajo y disponiéndolo para el consumo final, aparecen como víctimas-victimarios (frente a los otros protagonistas) del engranaje. Tampoco podemos olvidar que muchos productores primarios aún tienen la tarea pendiente de asociarse para lograr mayor poder en las negociaciones.
Finalmente, el Estado también debería jugar su rol a la hora de arbitrar entre estos diferentes actores, y adecuar los impuestos para potenciar la actividad. No hay que temerle al intervencionismo cuando lo que se busca es eliminar injusticias tan obscenas como las aquí observadas. “La defensa de las economías regionales” es un slogan que nunca falta en las campañas proselitistas. Éste sería un buen momento –otro más- para empezar a cumplirlo.