Otra coincidencia dentro y fuera de la cancha

El triunfo del último domingo ante la hasta ahora ignota selección de Qatar depositó al combinado nacional de fútbol en los cuartos de final de la Copa América que por estos días se disputa en Brasil. La alegría –y sobre todo el alivio– que deparó para jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y seguidores de la “albiceleste” el hecho de haber logrado un objetivo que, a priori, todos consideraban sencillo y que, desarrollado parte del certamen, se vio que no sería tan así, fue otra muestra de cómo nos manejamos los argentinos, en el fútbol y fuera de su ámbito.
En primer término, y como decíamos, aquella perniciosa y falaz sentencia de que “estamos condenados al éxito” o de creernos “los mejores del mundo” volvió a depararnos un decepcionante baño de realidad que, sin embargo y lamentablemente, seguimos sin capitalizar como enseñanza.
Que el equipo nacional sea guiado por Lionel Scaloni, un entrenador sin experiencia y ungido por descarte, parece un nuevo caso del “lo atamo’ con alambre” tan característico de nuestro ser nacional de los últimos años. La culpa no parece ser de Scaloni sino de que la dirigencia de AFA (con sus poco presentables miembros) no pudo convencer a otros técnicos más encumbrados de hacerse cargo de un puesto que otrora era la máxima aspiración para cualquier DT.
Hace unos días, el periodista Gonzalo Abascal firmaba en Clarín una columna titulada “La Selección en la Copa América: campeones del realismo mágico”. Allí, entre otras cosas, el analista sostiene –con mucha razón– que una eventual buena participación de Argentina en el torneo sudamericano solo podría basarse en “corazonadas” o “visiones” tan optimistas como infundadas y que “el problema no es el resultado, sino un tipo de dirigente, un sistema de pensamiento y un modo de trabajo incapaz de superar la idea mágica de que ‘si Messi se despierta bien, ganamos’”.
Mientras el mundo evolucionado basa sus éxitos en el conocimiento, la ciencia y el trabajo, nosotros seguimos apostando a que “Dios es argentino” o a un mesías que nos salve. ¿Será por eso que hace años no somos campeones de nada, ni dentro ni fuera de la cancha?