Otra muerte sin sentido

a muerte de Fernando Báez Sosa, un joven de 19 años que falleció tras ser golpeado por un grupo de adolescentes a la salida del boliche Le Brique en la localidad balnearia de Villa Gesell, volvió a poner en el tapete de las discusiones tema tales como la diversión nocturna, el consumo de alcohol y hasta el modo de actuar de ciertos grupos según su ámbito de pertenencia.
Por el hecho, y tras una intensa búsqueda, once jóvenes, todos mayores de edad y oriundos de la localidad bonaerense de Zárate, quedaron demorados y eran indagados anoche por el fiscal de la causa con el objetivo de esclarecer el hecho y dar con el o los responsables del ataque y muerte de Báez Sosa. Cuatro de los detenidos tienen 20 años, hay otros cuatro de 19 y tres de 18, todos ellos jugadores de rugby del club Náutico Arsenal Zárate.
Las primeras líneas investigativas han dejado claro que los presuntos agresores de la víctima habían consumido gran cantidad de bebidas alcohólicas, algo que a esta altura ya es una preocupante constante en las salidas de diversión de jóvenes y no tan jóvenes. Por otra parte, que los demorados pertenezcan a un equipo de rugby llevó a que en las últimas horas el hashtag #RugbiersAsesinos se convirtiera en tendencia en las redes sociales.
En este caso, como en tantos otros, las generalizaciones suelen ser injustas. El hecho de ser joven o jugador de rugby no convierte a una persona en agresivo ni mucho menos en un asesino. Hay jóvenes violentos y no, rugbiers que podrían entran en ambas categorías y adultos que también son una y otra cosa. No obstante, quienes salen a divertirse (y sus adultos responsables) deberían comportarse de modo tal que nadie resulte perjudicado por sus acciones y, eventualmente, nadie los catalogue injustamente de algo que no son.
Por otra parte, el resto de la sociedad también debe comprender que esto es parte de la espiral de violencia que vivimos a diario y que muertes como la de Fernando son tan evitables e injustas como dolorosas e irreparables.