¿Otra vez el exceso?

En febrero del año pasado, el denominado “Caso Chocobar” generó polémica a nivel nacional. Luis Oscar Chocobar, un policía de la Bonaerense, le disparó nueve veces y una de las balas mató a Pablo Kukoc, un delincuente de 18 años que minutos antes había asaltado y apuñalado varias veces a Frank Joseph Wolek, un turista estadounidense de 60 años, en el barrio de La Boca para robarle.
Días después Chocobar fue recibido por el presidente Macri, quien expresó su “orgullo” de que haya efectivos que realicen su trabajo como él. También recibió las felicitaciones de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien ponderó la actuación de Chocobar y la puso como ejemplo del buen accionar policial. Más allá del apoyo oficial, en la justicia Chocobar fue acusado de “homicidio agravado en exceso del cumplimiento del deber” y ahora espera tribunal para responder por su responsabilidad en el hecho.
Esta semana, un nuevo hecho salpicó a la Policía Bonerense y volvió a poner en el tapete el supuesto exceso con que actúan algunos integrantes de las fuerzas de seguridad: una persecución policial en San Miguel del Monte terminó con la muerte de cuatro jóvenes (de 13 a 22 años) que viajaban en un Fiat 147 que chocó contra un camión y resultó destruido. Las pericias determinaron que los agentes policiales dispararon sus armas 9 milímetros contra el vehículo, incluso una de las víctimas tenía un proyectil policial en su cuerpo. Contrariamente al hecho anterior, tanto las autoridades de Seguridad de Buenos Aires como de la Nación reaccionaron con celeridad y dureza contra esos efectivos y sus jefes, y ya hay siete policías detenidos.
Los ciudadanos habitualmente exigimos medidas en pos de mejorar nuestra seguridad y, muchas veces, pendulamos entre pedir una mayor rigidez estatal y manifestarnos en contra de los abusos oficiales. Ambos reclamos son lógicos, pero debe quedar claro –y los responsables políticos de nuestra seguridad así lo deben manifestar y practicar todas las veces que sea necesario- que en un Estado de Derecho tanto los delitos como los abusos de poder tienen un límite insoslayable: la ley. Perder de vista eso es caminar hacia más inseguridad y poner en riesgo la institucionalidad de la Nación.