“Panem et circenses” (literalmente «pan y espectáculos del circo») es una locución latina peyorativa de uso actual que describe la práctica de un gobierno que, para mantener tranquila a la población u ocultar hechos controvertidos, provee a las masas de alimento y entretenimiento de baja calidad y con criterios asistencialistas.
Esta frase se origina en Roma en la Sátira X del poeta latino Juvenal (circa 100 A. D.). En su contexto, la frase es dada como la última atención del pueblo romano, quien había olvidado su derecho de nacimiento a involucrarse en la política.
Los políticos romanos diseñaron un plan en 140 a. C. para ganarse el voto de la plebe basado en el clientelismo: al regalar comida barata y entretenimiento se lograba una alienación del pueblo que lo despojaba de su espíritu crítico mientras a la vez se sentía satisfecho por esa falsa generosidad de los gobernantes. Esta estrategia demostró ser una forma muy efectiva de acceder al poder.
En tanto, el término “politainment” (o infoentretenimiento político), se empezó a mencionar a finales de 1980 entre los teóricos, cuando se dieron cuenta de que las figuras políticas, en un intento de ampliar su público mediante las audiencias televisivas, dejaban de lado en su comunicación los aspectos serios de la información política, y se centraban en la parte más fría y superficial, llamativa para el espectador.
En cuanto a los posibles efectos del politainment en la audiencia, gran parte de los investigadores interpretan que supone una degradación de la información política que impide que los ciudadanos capten la realidad con el rigor preciso para tomar decisiones fundamentadas.
En momentos como nunca antes de “pan y circo” y de politainment en nuestro país, volver a la seriedad y a la evolución objetiva de nuestros dirigentes es, a la vez que una rareza, un desafío. Asumirlo supone, ni más ni menos, participar comprometidamente de la construcción de una sociedad mejor.




