El escenario actual para el sector vitivinícola mendocino es desalentador. Así lo definió Fabián Ruggieri, titular de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas (ACOVI), quien en diálogo con Diario San Rafael y FM Vos 94.5 trazó un diagnóstico crítico sobre la realidad que enfrentan los productores, en un contexto de precios planchados, costos crecientes y escasas políticas públicas efectivas. “Estamos con rentabilidades que son negativas este año en particular”, afirmó.
Ruggieri explicó que la crisis afecta principalmente a los productores medianos y pequeños, mientras que un reducido grupo de establecimientos con mayor eficiencia o volumen de producción logra solventar sus costos. “Siempre hay un grupo de productores que son más eficientes porque tienen mejores costos o porque tienen mayor producción, pero el ingreso del resto es muy bajo”, expresó.
Este panorama impacta directamente en las tareas culturales propias del invierno, como poda, atadura y desbrote. “El productor va a hacer lo que puede hacer. Va a restringir fertilizaciones, curaciones, algunas labranzas con tractores, y si tiene pozos, seguramente también los riegos. Eso históricamente termina en una disminución de la producción para el año siguiente”, advirtió.
Uno de los principales reclamos del sector tiene que ver con la falta de acuerdos con el sector industrial que brinden previsibilidad y sostenibilidad. “Si el productor pudiera estar asociado con el industrial, ambos se beneficiarían. Es cuestión de ceder un poquito y compartir. El mercado es el que manda al final de todo”, señaló.
Consultado sobre el escenario general de consumo, Ruggieri lo calificó como uno de los peores en años. “Un 2024 pésimo de punta a punta. El segundo semestre recuperó un poquito, o cayó en menos medida. Y 2025 arrancó con un primer trimestre bien, repuntando el consumo. Pero el problema es que el mercado no acepta ningún incremento en el precio”, explicó. Esta situación, dijo, obligó a la industria a “bajar márgenes de rentabilidad” para mantener el movimiento.
Ante este panorama, desde ACOVI han mantenido conversaciones con el Ministerio de Producción provincial. Sin embargo, Ruggieri marcó con claridad las diferencias ideológicas con el enfoque actual del gobierno. “La nueva idiosincrasia es: la empresa es empresa y el Estado es Estado. El problema que tenemos nosotros es la carga impositiva, que no es la misma que tiene el resto del mundo. Según estudios de Coviar, está cerca del 60% sobre la viticultura”.
En ese sentido, sostuvo que es indispensable repensar el acceso al crédito para el agro. “Una tasa del 20 o 22 por ciento no es una mala tasa para la situación del país, pero no es una tasa que el agro pueda pagar. Tienen que ser tasas acordes a la rentabilidad que da la agricultura”, subrayó. Ruggieri fue enfático al asegurar que “sin inversión, sin capital de trabajo, no hay forma de mejorar”.
Comparó la situación local con otros países productores como Chile, donde las condiciones crediticias permiten acceder a tecnología de última generación. “Allá producen 250 o 300 quintales por hectárea porque tienen clones genéticamente mejorados, muy productivos y de buena calidad. Eso se paga, y se paga con crédito. Eso acá no existe hace décadas”, remarcó.
Otro punto crítico abordado fue el acceso a los créditos del Fondo de la Transformación, que históricamente tuvo herramientas para el sector, pero hoy no resultan viables. “No tienen créditos acordes para el agro. En algún momento sí los tuvo. Hoy no los tiene. Además, los requisitos son imposibles para muchos productores. Pedir estar al día con todos los impuestos provinciales deja afuera a la mayoría”, indicó.
Consultado sobre si considera necesario que el Estado intervenga para facilitar el acceso al crédito, fue contundente: “Sin duda. Para que haya tasas razonables, no hay otra opción más que el gobierno intervenga y subsidie, como pasa en todo el mundo”.
Respecto al rol de la Provincia, reconoció ciertos esfuerzos aunque los consideró insuficientes. “El gobierno dice que los fondos de la lucha antigranizo se están volcando al seguro, lo cual en cierta forma es real. También colabora con el programa de la Lobesia Botrana, que la Nación abandonó hace dos años. La provincia, de una u otra forma, está. Tal vez no en la medida que el productor necesita, pero está”, valoró.
Finalmente, Ruggieri insistió en la necesidad de generar políticas activas que permitan que “la viticultura y la agricultura en general vuelvan a representar lo que representaron en algún momento en Mendoza”, con herramientas concretas como créditos subsidiados, acompañamiento técnico y una menor presión fiscal. “La agricultura necesita estar todo el tiempo invirtiendo e innovando. Sin eso, no hay futuro”, concluyó.







