El domingo pasado levantó vuelo desde Cabo Cañaveral, Florida, Estados Unidos, el cohete Falcon 9 de la compañía Space X, en el que viajaba el satélite argentino Saocom 1B. El lanzamiento había sido postergado durante varios meses por la pandemia y por cancelaciones de la empresa encargada.
El proyecto de los Saocom fue pensado a partir de requerimientos hechos por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Instituto Nacional del Agua (INA) para atender necesidades de los sectores productivos y la gestión de emergencias naturales y catástrofes. Pero a su vez, servirá a otros ministerios porque, a través de sus imágenes será capaz de, por ejemplo, detectar buques extranjeros que pescan de manera ilegal en la plataforma continental Argentina.
Diego De Abelleira, investigador de clima y agua en el INTA, explicó a FM Vos (94.5) y Diario San Rafael que a diferencia de otros satélites, este puede brindar información del contenido de agua de la vegetación o el suelo. “Esto permite hacer un barrido de grandes superficies y repetirlos en el tiempo. El domingo pasado se lanzó el segundo satélite Saocom, es decir, que disponemos de dos satélites gemelos, con las mismas características, lo que permite repetir la información más frecuentemente. De esta manera se puede tener un seguimiento con más frecuencia, tanto del estado de la vegetación como del suelo”, dijo, y agregó que esta tecnología permite saber si hay crecimiento de los cultivos, si hay problemas con el contenido de humedad de la vegetación o del suelo, y problemas de crecimiento pues da la posibilidad de detectar menores valores de respuesta de la señal de radar.
Cabe destacar que estos satélites son únicos en el mundo porque su sensibilidad radiométrica les permite analizar lotes de 150 metros cuadrados, mientras que lo más parecido que hay hoy es un satélite de la NASA que brinda lotes de 9 kilómetros cuadrados.
Con los datos de estos satélites también es posible predecir plagas, trabajar sobre la fusariosis que afecta al trigo, señalar la susceptibilidad que tienen los ríos a las precipitaciones, verificar pequeños desplazamientos de la superficie terrestre, actividad de los volcanes, inclinaciones de construcciones, hundimientos en zonas rurales por el tránsito, estado de los caminos, o identificar dónde puede haber un brote de dengue a partir de la caracterización del ambiente. –







