Pasa en el fútbol y en la sociedad: capítulo un millón

Sábado 4 de mayo por la tarde. Estadio “Manuel Gil” del club Rodeo del Medio, en Maipú. Las divisiones inferiores del club local reciben a sus pares de Andes Talleres en el marco de una nueva fecha programada por la Liga Mendocina de Fútbol.
El público, conformado fundamentalmente por familiares de los chicos de Rodeo del Medio, decide “participar” de la jornada deportiva de forma tan particular como reprochable: las crónicas indican que durante toda la tarde (se jugaron tres partidos) los “papis” y las “mamis” insultan consecuentemente a los visitantes y les gritan cosas como “vos no vas a llegar a ningún lado”, “mirá ese pelo, parecés una princesa”, entre otras descalificaciones.
Los integrantes del cuerpo técnico de Andes Talleres intentan terminar con el escándalo pidiéndoles al técnico del local y al árbitro que recomienden a los espectadores que no sigan con su infame actitud. El pedido de los visitantes no tiene respuesta favorable ni en sus colegas ni en quien debía impartir justicia, que deciden seguir como si nada ocurriera.
Conclusión: una tarde de fútbol de chicos de entre 12 y 15 años “decorada” por insultos, descalificaciones, malos ejemplos –en definitiva- de parte de sus adultos “responsables”.
Algo peor hay en la situación: lo ocurrido en Rodeo del Medio pasa habitualmente en muchas canchas más a lo largo y a lo ancho del país.
Adultos que desatan toda su furia, resentimiento y expectativas mal entendidas dándoles a sus hijos los peores ejemplos que pudieran brindarle.
El fútbol es una muestra de cómo es nuestra sociedad. Eso lo sabemos. La violencia, los negocios sucios, las ventajas antirreglamentarias y el “ganar como sea” es igual en el ámbito futbolístico que en otros muchos de nuestra vida como país.
Pensar que a esa situación nos han llevado solamente las barras bravas o los dirigentes corruptos es soslayar un aspecto tan central como angustiante: muchos más integrantes de nuestras comunidades son afectos –como se ve- a esas ignominiosas actitudes. Así nos va.