Pasó la autocrítica, ¿viene la práctica?

«No podemos seguir cobrando tanto dinero mientras no hacemos un carajo». La frase pertenece a la diputada nacional por el Frente Renovador Graciela Camaño, quien la pronunció en el marco de un fortísimo discurso que emitió durante la sesión del jueves en la Cámara Baja, donde la oposición buscó imponer una agenda de temas que el Gobierno se niega discutir, entre ellos una rebaja en las tarifas de los servicios públicos y la eliminación de Ganancias para los jubilados.
La crítica no quedó ahí. Acto seguido les (y se) preguntó a sus colegas: «¿No les da un poco de vergüenza? ¿No tienen ningún amigo que les dice que viven sin laburar?». «A mí nunca me pasó que me avergonzara mi salario porque venía acá y trataba de honrarlo, pero no podemos seguir sin trabajar, no podemos seguir cobrando lo que cobramos, el país está en crisis», suscribió Camaño.
Las palabras de la siempre vehemente legisladora nacional plantean algunas aristas para el análisis. En primer término, pareciera saludable que una de las integrantes más perenne de la clase política argentina realice una autocrítica respecto al papel y el trabajo que desarrolla ese poder estatal en un país en crisis. La pregunta que surge, no obstante, es si Camaño y sus colegas están dispuestos a admitir y practicar dicha autocrítica bajándose sus dietas, eliminando gastos y costos que genera su a veces incalculable entorno o, simplemente, trabajando más y mejor.
Argentina vive momentos complicados, sobre todo en materia económica. Ante ello, el propio presidente Macri, días atrás, llamó a la ciudadanía a “remarla un poco más, sin llorar”.
El grueso de los argentinos hace rato que la rema y muchos lloran pero siguen remando. La clase dirigente (oficialista y opositora) no puede quedar separada de esa realidad y también debe hacer su aporte –remar si es necesario– para superar la crisis que varios de ellos generaron. ¿O acaso no vivimos en el mismo país? ¿O acaso no son solo nuestros representantes?