Paz

Padre José Ceschi

En su mensaje para la celebración de la jornada Mundial de la Paz 1985, Juan Pablo ll decía: «Llevamos con nosotros el desafío de la paz. Vivimos un tiempo difícil en el que son muchas las amenazas de la violencia y las guerras destructoras (…). Las dificultades presentes son realmente un test para nuestra humanidad. Pueden ser hitos decisivos en el camino hacia la paz duradera, porque suscitan los más audaces sueños y desencadenan las mejores energías de la mente y del corazón. Las dificultades son un desafío para todos. La esperanza es un imperativo para todos. Pero hoy quiero llamar la atención de ustedes sobre el papel que corresponde a la juventud en el esfuerzo por construir la paz. En el umbral de un nuevo siglo y de un nuevo milenio, debemos ser conscientes de que el futuro de la paz, y por consiguiente el futuro de la humanidad, dependen sobre todo de las opciones morales fundamentales que la nueva generación de hombres y mujeres está llamada a tomar».
Un joven costarricense, mirando más allá del horizonte actual, sueña con un futuro de paz sembrada. Cuando acabemos de sembrar la paz, se titula precisamente el bello poema de Edgar Céspedes Ruiz:
«Cuando acabemos de sembrar la paz / germinarán retoños de esperanza. / Caminaremos, desnudos nuestros pies, / muy lentamente, los caminos del mundo; / como aprendiendo a caminar de nuevo, / para no ir a pisarlos.
Cuando acabemos de sembrar la paz, / miraremos callosas nuestras manos, / sucias aún de tierra y de nostalgia, / y tomaremos las de cada uno para besarlas.
Cuando acabemos de sembrar la paz, / nos bañaremos en ilusiones nuevas, / nos vestiremos los mejores trajes / y juntos danzaremos alrededor del mundo / nuestro gozo.
Cuando acabemos de sembrar la paz, / despertará a su canto la montaña; / habrá de amanecer con otros ojos más hermosos y limpios, la mirada.
Y hemos de ver la luz iluminando todo nuestro amor, nuestro abrazo, nuestro gozo… y apenas si podremos recordar / que alguna vez fue llanto la esperanza».
¡Hasta el domingo!