En las últimas horas, una imagen publicada por la cuenta “Mendoza Antigua” se volvió viral al rescatar una escena poco conocida pero fundamental de la historia sanrafaelina: las defensas de madera conocidas como “Pie de Gallo”, utilizadas para contener las crecidas del río Diamante a fines del siglo XIX y comienzos del XX.
Estas estructuras —construidas artesanalmente con troncos y ramas entrelazadas dispuestas en forma de abanico o “peine” sobre las márgenes del río— eran una solución tan ingeniosa como necesaria frente a la fuerza del agua.
Su propósito era reducir la velocidad de la corriente, atrapar sedimentos y proteger cultivos, caminos y viviendas que se veían amenazados por las crecidas estacionales del Diamante, un río de régimen nival cuyas aguas podían desbordarse violentamente durante el deshielo o las lluvias intensas.
Lejos de ser una gran obra de ingeniería moderna, los “Pie de Gallo” fueron el resultado de la sabiduría popular y la cooperación comunitaria. Los construían pobladores, agricultores y obreros municipales, utilizando materiales locales y técnicas empíricas que hoy se reconocen como ejemplos de ingeniería vernácula o popular.
LÍNEAS DE CONTENCIÓN
Durante décadas, estas defensas fueron la primera línea de contención contra las crecidas del río, hasta ser reemplazadas por infraestructuras más complejas: canalizaciones, diques derivadores y defensas de hormigón armado. Sin embargo, su legado perdura en la memoria visual e histórica de Mendoza como símbolo de resiliencia y de relación directa con la naturaleza.
La imagen que recorre las redes, captada por Eliseo Miri, reportero gráfico del diario El Comercio, muestra con crudeza y belleza el impacto de una crecida del Diamante y el esfuerzo humano por dominarla.
Hoy, los “Pies de Gallo” no solo son parte del archivo fotográfico provincial, sino también objeto de estudio patrimonial y ambiental, en investigaciones que buscan revalorizar las estrategias locales de gestión del agua y los saberes tradicionales en zonas áridas.







