La referente de la protección animal y madre de un joven dentro del espectro del autismo advirtió sobre la falta de empatía social, la ausencia de controles y la escasa aplicación de sanciones pese a la vigencia de la ordenanza que prohíbe el uso de estos elementos en San Rafael.
Cada fin de año, el sonido de la pirotecnia vuelve a instalar un debate que, lejos de saldarse, se repite con la misma intensidad. En San Rafael, la discusión no solo involucra a las mascotas que se extravían o sufren episodios de estrés extremo, sino también a personas con discapacidad, adultos mayores y familias enteras que atraviesan jornadas de enorme angustia. Así lo expresó Marisa Jara, referente local de la protección animal y madre de un joven con diagnóstico dentro del espectro del autismo, quien expuso con crudeza las consecuencias que el uso de pirotecnia genera en la vida cotidiana de miles de personas.
En diálogo con Diario San Rafael y FM Vos 94.5, Jara remarcó que el problema central no es nuevo y que existe un marco normativo vigente desde hace años que prohíbe estas prácticas, pero que carece de controles y seguimiento. “Todos los años es lo mismo y la ordenanza municipal 12.993 está vigente desde el 2018. No se entiende cómo no hay una responsabilidad política y social en el seguimiento y en la prevención”, afirmó.
Desde su experiencia personal, explicó que su familia logró desarrollar mecanismos para atravesar las fechas críticas, aunque advirtió que esa no es la realidad de todas las personas. “Nosotros ya tenemos esta práctica bastante protocolarizada, pero nuestra preocupación radica en las personas recientemente diagnosticadas y en las familias que están desesperadas tratando de cuidar a sus hijos, que están en plena evolución o con una afectación sensorial muy fuerte”, señaló.
Jara hizo hincapié en que el impacto de la pirotecnia no se limita al momento de las explosiones, sino que puede extenderse durante días. “Hay muchas personas que la pasan pésimo, con ataques de pánico, sudoración y desórdenes conductuales que arruinan por completo la noche familiar. Nadie queda bien después de una crisis y, en muchos casos, la afectación se extiende durante varios días”, explicó.

Además, subrayó que el espectro del autismo incluye múltiples niveles de sensibilidad y que cada persona responde de manera diferente a los estímulos. “No todos tienen el mismo nivel de afectación porque es un espectro, hay muchas tonalidades intermedias. Mi hijo con los años ya no tiene el mismo nivel de afectación, pero otros chicos lo pasan muy mal, y eso nos angustia como familias”, manifestó.
La referente también cuestionó el discurso social que minimiza el problema. “Se ha instalado en el inconsciente colectivo la idea de que es un ratito nada más, que alcanza con taparse los oídos, y eso avala la falta de empatía. ¿Quién puede estar feliz después de una crisis de un miembro de la familia que está en una situación de total vulnerabilidad?”, se preguntó.
Otro de los puntos centrales de su planteo fue la falta de sanciones. Según detalló, la venta y el acopio de pirotecnia continúan a la vista de todos. “Las sanciones no existen. Hoy cualquiera puede ir a determinados lugares y ver gente que vende, que guarda y que compra pirotecnia. Esa ambigüedad es la que sigue avalando y la que sigue sin educar”, sostuvo.
En ese sentido, consideró que si bien existen personas dentro del sistema que muestran preocupación, las acciones no alcanzan. “Yo entiendo los esfuerzos que hacen algunos sectores, porque me consta que hay gente que se preocupa mucho, pero claramente no está alcanzando. No hay una decisión política firme ni un seguimiento concreto de las normativas”, expresó.
Jara también puso el foco en los eventos masivos y culturales, donde muchas personas con discapacidad quedan excluidas. “Hay un gran espectro de personas que nunca van a poder presenciar en vivo una fiesta popular, y eso también es una forma de exclusión que no se discute”, indicó.
Finalmente, recordó que ante situaciones de uso, manipulación o crisis vinculadas a la pirotecnia, la ciudadanía puede comunicarse con el 911. “La gente puede llamar al 911 si ve uso o manipulación de pirotecnia, y también en casos de crisis o desesperación. Ha pasado que chicos salen corriendo en medio de una crisis y no se sabe dónde están”, advirtió.
Para finalizar, dejó un mensaje dirigido a las familias que atraviesan esta realidad. “Luchamos porque es lo que nos queda, concientizar desde el lugar que ocupa cada uno en la sociedad. Quiero saludar a todas las familias que tienen un miembro con discapacidad y pedir paciencia, acompañamiento y protección, porque lamentablemente muchas personas la van a pasar muy mal”, concluyó.







