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El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad | Albert Einstein

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Pobreza: la aritmética de la fantasía

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La pretensión mileísta de reescribir la realidad a fuerza de discursos eufóricos encuentra su límite más implacable en la contundencia de las cifras publicadas. Mientras el presidente proclama desde distintos estrados -y según la necesidad- haber sacado mágicamente de la pobreza a doce, trece, catorce y hasta quince millones de argentinos (ese nivel de variación es textual de las declaraciones del mandatario), los guarismos formales que arroja la medición oficial destruyen por completo el relato. El reciente informe del Indec que ubica la pobreza en el 32,3% durante el primer semestre del año -2 millones de pobres más que a fines de 2025- expone una realidad social inocultable y ratifica que las cifras de inclusión masiva que agita el poder central no son más que una ficción numérica desmentida por los propios datos del Estado.

El contraste entre el número frío del 32,3% y las proclamas presidenciales de millones de ciudadanos rescatados de la indigencia expone una peligrosa contradicción en el corazón de la gestión. Lejos de registrarse un éxodo masivo hacia el bienestar, los guarismos publicados reflejan una herida profunda en el tejido social, con salarios pulverizados y un consumo interno asfixiado por la recesión. Afirmar semejantes saltos de prosperidad en un contexto donde más de una tercera parte de la población sufre las consecuencias de la exclusión no hace más que confirmar el abismo que separa las planillas y los discursos del Ejecutivo de la angustia cotidiana que se vive a lo largo y ancho del país.

Pretender gobernar mediante la negación sistemática de las estadísticas y la invención de universos paralelos donde millones de personas mejoran milagrosamente su calidad de vida no hace más que profundizar el desprecio por la verdad, insultando la inteligencia de una población que sufre en carne propia la crisis. Las familias que a diario padecen el ajuste en las góndolas y el peso de las tarifas (puede ser peor si se elimina Zona Fría) no necesitan de relatos épicos construidos sobre cifras caprichosas, sino de un diagnóstico honesto que reconozca el impacto real de las políticas económicas. Ningún entusiasmo discursivo podrá borrar jamás el peso de un 32,3% que grita, con más fuerza que el propio Milei, la crudeza de una crisis que la retórica oficial se empeña en ocultar.

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