Desde hace seis temporadas, la provincia de Mendoza viene implementando una estrategia activa para el control de la Lobesia botrana (polilla de la vid), de manera de evitar que esta plaga impacte en la producción de los viñedos.
En este sentido, el Iscamen (Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria de Mendoza) anunció que en los próximos días se pondrá en marcha una nueva campaña de control que se sustentará, en principio, solamente con fondos de la provincia de Mendoza.
«Nosotros siempre tomamos como punto de partida los resultados finales de la campaña anterior. Esos datos son los que se tienen en cuenta y se los considera como base de cara a la próxima temporada. En la campaña pasada (2023) se logró una reducción del 40 % de la población de la Lobesia botrana en relación al 2022. Además, no se visualizaron prácticamente daños en los cultivos, siendo este también uno de los objetivos que tiene el programa», comentó ante los micrófonos de FM Vos 94.5 al ingeniero agrónomo Guillermo Azin, coordinador del Programa de Combate de Lobesia de Iscamen.
«De este modo se hizo un cálculo del presupuesto que se debe destinar para esta campaña. El mismo se presentó en el mes de marzo a las autoridades nacionales del Senasa (Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Agropecuaria) que es el encargado del programa nacional. Lamentablemente hasta el momento no se cuenta con los fondos nacionales, pero gracias al aporte de unos 1500 millones de pesos que hizo la provincia de Mendoza podremos contratar los insumos y servicios. Hasta la fecha son suficientes para aplicar un plan de contención en las áreas más críticas», fundamentó.
Después, explicó que la falta de los fondos nacionales incidirá en el desarrollo de la campaña 2023. «Estamos a la espera de esos fondos para poder ampliar este plan. En el mes de marzo, calculamos que para una campaña de control óptima se necesitaban alrededor de 3200 millones de pesos. Hoy esos números han quedado desactualizados por la inflación. Cómo dije antes, la provincia aportó 1500 millones de pesos mientras que en las últimas horas nos informaron de que la Nación estaría por aportar cerca de 2800 millones de pesos. De igual manera, estos fondos deberían haber llegado en el mes de julio o agosto para que desde el Iscamen se puedan realizar las contrataciones de los insumos, sobre todo de los difusores de feromona que se deben colocar desde agosto hasta septiembre», informó Azin.
«Como consecuencia de esto, tuvimos que saltear esta etapa porque la biología de la plaga ya comenzó y no se puede utilizar este tipo de elementos. Como a esta altura no son tan efectivos, se deberán aplicar otras herramientas de control complementarias como es el caso de insecticidas o pulverizadores. Esto solamente se va a aplicar según las condiciones de cada oasis. En el sur no se detectan prácticamente casos de Lobesia, así que se está haciendo un trabajo puntual con la instalación de los difusores de feromona. Los mismos quedaron de la campaña pasada, a modo de reserva», aclaró el coordinador del Programa de Combate de Lobesia.
Luego, especificó qué tipo de plan se va a ejecutar. «Se va a desarrollar un plan que va a ser de sostenimiento, es decir que se va a evitar que haya un crecimiento significativo de las poblaciones de las plagas que dañen el cultivo. El problema que se tiene para combatir esta plaga es que todos los insumos son importados. Se utiliza el uso de técnica de confusión sexual y la aplicación de insecticidas y pulverizadores», precisó.
Para terminar, definió las zonas donde se va a comenzar a trabajar con el presupuesto que otorgó la provincia. «Unas 120 mil hectáreas de Mendoza tienen presencia de la plaga, aunque eso no significa que en todos los sectores haya poblaciones tan altas como para ocasionar daño en los cultivos. No hay que dejar que las poblaciones crezcan, por eso se va a estar trabajando en unas 70 mil hectáreas con la aeroaplicación de insecticidas y de feromona. Si llegan los fondos nacionales vamos a ampliar las zonas de combate. El problema es que existen limitantes para operar con los aviones, hay lugares donde hay antenas, cables y edificios que generan riesgo para este tipo de operaciones. Por último quiero aclarar que en todos los casos se utilizan productos que no son nocivos ni para los animales ni las personas», finalizó.







