¿Populismo o simple demagogia?

En el último tiempo, el término “populismo” conlleva, indefectiblemente, una carga peyorativa, ya que se lo considera como el instrumento de dominación que utiliza el demagogo a modo de estrategia para conseguir el control político de la sociedad, usando las emociones del pueblo, sus esperanzas y, sobre todo, sus miedos y resentimientos.
Si uno recurre a la Real Academia Española, la realidad es diferente: el término fue definido originalmente como la “doctrina política que pretende defender los intereses y aspiraciones del pueblo”. Sin embargo, los últimos años han demostrado tal evolución en el uso del vocablo que la propia RAE lo consideró en 2016 como “palabra del año” debido a la ampliación y cambio de significado que experimenta.
El desarrollo de la historia del siglo XXI, a diferencia de su antecesor, no es trazada por conflictos ideológicos, sino por la notoria degeneración democrática a expensas de la demagogia, el autoritarismo y el descontento social. Esta peligrosa ecuación da como resultado un movimiento paralelo al espectro político, cuya idiosincrática versatilidad le permite oscilar simultáneamente entre izquierda y derecha. El populismo, el negativo, el meramente demagógico, no es exclusivo de una filosofía determinada y puede observarse en una parte mayoritaria de la clase dirigente.
Hoy, muchos de los que ejercen la función dirigencial como oficialistas u opositores deslegitiman la realidad y transfiguran los hechos para convertirse a sí mismos en los relatores oficiales de una información que, vista desde fuera de los círculos del poder político, no coincide con la realidad que observamos los ciudadanos.
Por encima de la discusión meramente lingüística, la controversia –en Argentina y en otros países- sigue siendo sobre todo política. El ciudadano medio, el que mira desde afuera el picoteo discursivo, demagógico e infructífero, pretende que aquella “defensa de los intereses y aspiraciones del pueblo” siga siendo prioritaria para nuestros dirigentes, más allá de las palabras y de las actuaciones «para la tribuna».