Un reciente estudio publicado en la revista científica Nature Geoscience encontró nuevas evidencias de que Venus, el planeta más parecido a la Tierra del sistema solar, presenta actividad geológica en algunas de sus enormes grietas superficiales, al contrario de lo que se creía.
Hasta ahora, predominaba la idea de que era un planeta geológicamente “muerto” o inactivo debido a su aparente ausencia tectónica de placas, la falta de agua superficial como lubricante y la creencia de que sus grandes cambios internos habían terminado hace miles de millones de años.
¿Cómo se produjo el hallazgo? Expertos en geología planetaria utilizaron avanzadas simulaciones tridimensionales para reconstruir cómo evolucionan los grandes sistemas de fracturas venusinos y compararon esos modelos con imágenes obtenidas por sondas espaciales.

“El verdadero mérito de esta investigación radica en el desarrollo de un modelo numérico computacional de alta precisión”, explicó a Radio Mitre el doctor en Geología Mauro G. Spagnuolo, coordinador del Laboratorio de Geología Planetaria (IDEAN, UBA-CONICET).
Por su parte, el doctor en Geología Claudio Parica, presidente del Consejo Superior Profesional de Geología, señaló: “La corteza venusina sigue respondiendo a la energía interna del planeta”.
“Así como la terrestre, se fragmenta en placas donde se abren los ‘rifts’, con una velocidad relativamente alta considerando que lo que se mueven son rocas”, agregó.

Los relieves que rodean estas extensas zonas de quebraduras conocidas como riftssolo pueden explicarse si material caliente continúa ascendiendo desde el manto y deformando lentamente la corteza.
Científicos de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH), universidad pública suiza pionera en investigaciones científicas, no observaron terremotos, ni volcanes en erupción. En cambio, se valieron de sofisticadas simulaciones 3D.
Taras Gerya, Xi Yang y Anna Gülcher, autores del paper científico, sugieren que el planeta todavía libera calor desde su interior a través de grietas que se estiran y separan.

Estos valles abarcan unos 40.000 kilómetros, cerca del 8% de la superficie del planeta. Se trata, afirman los geofísicos expertos en ciencias planetarias y modelos computacionales que participaron en el proyecto, de un hallazgo que podría modificar la comprensión sobre la evolución de los mundos rocosos.
Un viejo misterio con una nueva respuesta
Aunque Venus es considerado el “gemelo” de la Tierra por su tamaño y composición, ambos evolucionaron de manera muy diferente. Mientras nuestro planeta libera gran parte de su calor mediante la tectónica de placas, se creía que carecía de ese mecanismo, por lo que durante décadas los científicos intentaron explicar cómo disipaba su energía interna.
Este estudio propone una de las respuestas más sólidas hasta el momento: enormes zonas de extensión fracturan lentamente la corteza y permiten que el calor continúe escapando hacia la superficie.

Según Spagnuolo, el trabajo fortalece la idea de que este mundo no evoluciona mediante episodios volcánicos aislados, sino a través de una deformación continua y gradual.
Dos planetas casi idénticos con historias opuestas
Los científicos no pueden observar directamente lo que ocurre bajo la corteza, pero sí leer las huellas que esos procesos dejan impresas sobre el terreno.
Venus suele ser llamado el “gemelo” de la Tierra. Tiene un diámetro apenas un 5% menor, una masa equivalente al 81% de la terrestre y una composición rocosa muy similar.

Según explica la NASA, Venus y la Tierra se diferencian principalmente en su temperatura extrema, su atmósfera pesada y su forma lenta de girar. Aunque tienen un tamaño parecido, la Tierra tiene vida y agua líquida, mientras que el segundo planeta del sistema solar es un mundo muy caliente y seco.
Por qué este descubrimiento trasciende a Venus
El hallazgo no solo ayuda a comprender mejor al segundo planeta del Sistema Solar. También ofrece nuevas pistas para reconstruir la historia temprana de la Tierra y para interpretar los numerosos exoplanetas rocosos similares descubiertos en otras estrellas.
“Sumar a Venus como objeto de estudio activo permite ampliar la muestra de planetas rocosos y responder preguntas fundamentales sobre geodinámica comparada”, destacó Spagnuolo.

Según el geólogo, el estudio aporta tres avances principales: fortalece la hipótesis de una actividad geológica continua, permite comparar su evolución con Marte y la Tierra, y amplía la base para comprender la geodinámica de los planetas rocosos.
“Su interior sigue siendo un misterio y se debate la consistencia de su núcleo”, resaltó.
¿Por qué la Tierra desarrolló tectónica de placas, mientras que Venus y Marte no? ¿Desarrollaron estilos tectónicos completamente distintos? Son preguntas que, según Spagnuolo, se abren ahora.

Lo que buscarán las próximas misiones
Durante la próxima década, nuevas misiones espaciales estudiarán Venus con instrumentos mucho más precisos que los de la histórica sonda Magellan.
Spagnuolo recordó a este medio que los indicios comenzaron a acumularse hace décadas. En los años noventa, la histórica sonda Magellan reveló que nuestro vecino planetario posee muy pocos cráteres de impacto, señal de una superficie relativamente joven.
Más tarde, la misión Venus Express detectó gases compatibles con actividad volcánica y, entre 2023 y 2024, un reanálisis de imágenes de radar identificó cambios en antiguos flujos de lava.

¿Las simulaciones tridimensionales marcan un antes y un después?
El nuevo trabajo suizo suma ahora una línea de evidencia diferente: la forma de los rifts y las simulaciones tridimensionales indican que la corteza venusina seguiría deformándose en la actualidad.
Por eso, esta investigación llega en un momento clave. Durante la próxima década, nuevas misiones espaciales estudiarán Venus con instrumentos mucho más precisos.
Si esas observaciones futuras confirman deformaciones recientes del terreno o evidencias directas de volcanismo, este mundo rocoso dejará de ser visto como un planeta casi inactivo para transformarse en uno de los mejores laboratorios naturales para comprender la evolución planetaria, incluida la de la propia Tierra.

Datos curiosos sobre Venus
Numerosos y exhaustivos estudios de la NASA a lo largo de los años revelaron que su atmósfera es densa: atrapa el calor y genera un fuerte efecto invernadero.
Registra una temperatura promedio de 465 °C en su superficie, suficiente para derretir plomo. Su suelo incluso es más caluroso que en su vecino Mercurio, que está más cerca del Sol. Gira en dirección contraria a la Tierra y a la mayoría de los planetas, con lo cual el Sol sale por el oeste y se pone por el este.
A su vez, el paso del tiempo en este planeta es diferente: un día dura 243 días terrestres y un año dura 225 días terrestres. No tiene lunas y se ubica a unos 108 millones de kilómetros del Sol, entre Mercurio y la Tierra.
Fuente: Radio Mitre



